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El sector de la construcción puede ayudar a liderar la recuperación económica

Puede que el sector de la construcción tenga la clave de la reactivación de las economías arrasadas por la crisis de la pandemia del COVID-19.

Opinión | 11 de mayo de 2020
Maikel Lieuw-Kie-Song, Especialista Técnico, Departamento de Política de Empleo
Puede que el sector de la construcción tenga la clave de la reactivación de las economías arrasadas por la crisis de la pandemia del COVID-19.

Las crisis pasadas han probado que, pese a que las familias y las empresas del sector privado tal vez sean reticentes a invertir en momentos de incertidumbre económica, los gobiernos pueden avanzar con proyectos de infraestructuras, en particular, con planes de mantenimiento, cuyos procesos de aprobación son más sencillos y más rápidos.

La inversión en infraestructura puede ser una de las primeras medidas para poner en marcha las economías, ya que los gobiernos pueden estimular directamente la demanda y la creación de empleo, compensando la falta de gasto del sector privado y de los hogares. En la mayoría de los demás sectores de la economía, el gobierno depende de que el sector privado esté dispuesto a contratar trabajadores adicionales y a cubrir su parte de los costos.

Situar la construcción como sector de interés en los programas nacionales de recuperación económica tiene muchas ventajas, ya que se trata de un sector intensivo en mano de obra, y que emplea a muchas personas, el 7,6 por ciento de la población activa mundial. Absorbe a trabajadores de otros sectores con relativa facilidad, y los proyectos pueden enfocarse en regiones y ciudades en fuerte recesión tras la crisis por el COVID.

Otro aspecto destacable del trabajo en la construcción es su buen efecto de “filtración” a la economía. Los grandes proyectos benefician a las empresas locales pues generan demanda de materia prima, transporte, alojamiento, alimentos, y otros bienes y servicios.

© Washington State Dept of Transportation
Antes de desencadenarse el problema del COVID-19, muchos obreros de la construcción tenían un contrato a corto plazo y sujetos a proyectos, por lo que perdieron sus ingresos casi inmediatamente. La gente de los países en desarrollo o que proceden de ellos, donde este sector es básicamente informal, tienen más probabilidades de no tener derecho a indemnización, seguro de desempleo o cualquier otro recurso de seguridad. Tienen que regresar al trabajo tan pronto como sea posible.

Del mismo modo, muchas empresas en el sector, o que dependen de éste, son pequeñas o medianas, y corren un grave riesgo de quiebra si no se vuelve pronto a la actividad.

Los proyectos de infraestructuras adecuados pueden no solo apoyar el empleo y la actividad empresarial; pueden también servir de base a la aplicación del enfoque de “reconstruir mejor”, del desarrollo incluyente y sostenible al que se refieren los responsables de formular las políticas, si incluyen objetivos ambientales y mejoran el acceso de los más pobres a los servicios básicos.

Así pues, ¿cómo hacer que este posible potenciador ponga nuevamente en marcha nuestras economías y la fuerza de trabajo? Evidentemente, hay que contar –y pronto– con las políticas y los programas gubernamentales adecuados, para que el sector de la construcción pueda recomenzar, y, al hacerlo, proteja a sus trabajadores y ataje toda propagación del virus. He aquí algunas sugerencias:

  • Las inversiones pueden centrarse en los proyectos de infraestructura pendientes. Los proyectos de mantenimiento suelen ser más intensivos en empleo que otras modalidades de construcción, y pueden ser aprobados con más rapidez.
  • Allí donde el desempleo sea masivo y/o los costos laborales sean bajos, puede recurrirse a actividades intensivas en empleo y a métodos de construcción basados en la mano de obra local.
  • Los proyectos de gran envergadura deberían equilibrarse con inversiones de menor calado en infraestructuras rurales y sociales (por ejemplo, atención de salud, gestión de desechos, tratamiento de aguas, mejora de viviendas informales), en las que intervienen recursos y empresas locales.
  • Las normas internacionales del trabajo ofrecen un marco normativo y sistemas ya convenidos y ampliamente aceptados que facilitan los proyectos de arranque rápido de cara a la recuperación, y a la vez ofrecen protecciones para se atiendan las necesidades de los trabajadores vulnerables e informales, y que se respeten la seguridad y salud en el trabajo, el diálogo social y los derechos de sindicación del trabajador, haciendo oír su voz.
  • Ha de darse prioridad a la infraestructura verde, de modo tal que se “reconstruya mejor”. En este plano deberían preverse tanto proyectos para el ámbito de las viviendas, (como sistemas de energía renovable), como proyectos nacionales, como la adaptación del transporte y la recuperación del medio ambiente.
  • Las iniciativas de estímulo económico deben respaldar la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Antes de la crisis, el déficit de inversiones en infraestructura se estimaba en 6,9 billones de dólares EE.UU. al año. Los paquetes de medidas de recuperación pueden ayudar a cubrirlo. En el caso de los países que no tienen fondos, una ayuda puede ser el alivio y la reestructuración de la deuda.

Por Maikel Lieuw-Kie-Song, Especialista Técnico, Programa de Inversiones con Alto Coeficiente de Empleo, Departamento de Política de Empleo