Blog

Un camino difícil pero productivo hacia el empleo decente

En este país afectado por la guerra, observé personas trabajadoras, amantes de la paz, que vivían su vida, en apariencia imperturbables ante el conflicto. Salían todos los días para ganarse la vida con dificultad, impulsados por una esperanza inquebrantable y una firme determinación, para reconstruir sus vidas y sus economías locales.

Opinión | 31 de mayo de 2019
Tonderai Manoto, Chief Technical Advisor “Road to Jobs” Project Afghanistan
Llegué a Afganistán por primera vez en julio de 2015. Al llegar estaba preocupado, esperaba encontrar una lluvia de balas y bombas que explotaban en cualquier momento. No obstante, me sorprendió la calma del ambiente en el cual aterricé.

En este país afectado por la guerra, observé personas trabajadoras, amantes de la paz, que vivían su vida, en apariencia imperturbables ante el conflicto. Salían todos los días para ganarse la vida con dificultad, impulsados por una esperanza inquebrantable y una firme determinación, para reconstruir sus vidas y sus economías locales.

El segundo descubrimiento sorprendente fue que a pesar de su ambiente polvoriento y montañoso, Afganistán poseía una gran cantidad de recursos: ovejas, vacas, aves de corral, uvas, algodón y almendras, entre otros. Dado que la fuga de cerebros, causada por el abandono del país de los afganos más instruidos, estaba retrasando la recuperación, el proyecto Road to Jobs (camino hacia los empleos) decidió concentrarse en la agricultura porque ofrece las mejores posibilidades de crear empleos. El desempleo es muy alto y, para los que tienen empleo, los ingresos son bajos. Las políticas son débiles y la información está mal coordinada a lo largo de la cadena de valor, de manera que a pesar de la riqueza oculta del país, las empresas están casi condenadas a fracasar. Además de estas dificultades, otro problema que identificamos fue la falta de confianza entre los socios comerciales.

Farmers listening to Radio Azad/Shahrwand broadcasting the Farmer’s Voice programme established in collaboration with Road to Jobs
Nos dimos cuenta que si queríamos ayudar a mejorar el rendimiento del mercado laboral y crear empleos, era necesario instaurar un clima de confianza a través de diálogo social. Sin embargo, constatamos que viniendo del exterior facilitar este diálogo social era un proceso dolorosamente lento en un contexto de conflicto donde la proliferación de ayuda generó una expectativa de distribución de “dinero gratis”.

A pesar de esto, seguimos adelante. Desarrollamos plataformas que estimulaban a las empresas a unirse para buscar soluciones a los problemas que las estaban frenando. Destinamos recursos en procesos que han permitido a nuestros socios invertir en innovaciones creadoras de empleos para las mujeres, los jóvenes desempleados, los desplazados internos, los repatriados y las comunidades que los acogen. Otras innovaciones dieron como resultado la apertura de las cadenas de suministro de las empresas a los agricultores pobres.

Durante tres años, contribuimos a crear mecanismos de diálogo para las empresas y sus cadenas de suministro. Asumimos algunos de los riesgos financieros asociados a los nuevos procesos a fin de estimularlos a invertir en la creación de empleos. Proporcionamos asistencia y orientación a nuestros socios comerciales para que confiaran en estos procesos. También lanzamos un programa de radio llamado “La voz de los agricultores”, en asociación con una estación de radio local que asesora a los agricultores sobre las buenas prácticas agrícolas. Como resultado de todo esto, los convencimos que estábamos de su lado. Poco a poco lo aceptaron. El primer año, obtuvimos cero empleos. El segundo año, logramos crear tan sólo 332 empleos. Pero el tercer año, la situación explosionó.

Carpet weaver working in a new carpet weaving centre near Mazar-I-Sharif established through a partnership between Road to Jobs and the Afghan Bazar Carpet Company
Gracias a este largo y complejo proceso que abarcó cuatro años, mejoramos más de 50.000 empleos, lo cual significa que ahora sus trabajos les brindan ingresos suficientes para llevarlos por encima de la línea de pobreza. Se generaron más de 3 millones de dólares en ganancias distribuidas entre las empresas, los trabajadores y los agricultores; los trabajadores y los agricultores representando cerca del 80 por ciento.

Los resultados son seguramente impresionantes, pero para mí, no se trata sólo de números… Lo que realmente me importa es que pusimos en marcha procesos que permanecerán y seguirán dando frutos mucho tiempo después que el proyecto finalice porque las empresas ahora están invirtiendo para construir sus cadenas de suministro. Por ejemplo, una empresa láctea mejoró el empleo de unas 360 productoras de leche. Una empresa exportadora de alfombras creó empleos para más de 300 mujeres de una comunidad de refugiados. Una empresa exportadora de uvas está ahora asociada con una planta de almacenamiento refrigerado para ofrecer a los agricultores servicios de asesoramiento rural que contribuyan a mejorar sus competencias y, por consiguiente, sus medios de subsistencia. Un granjero que comenzó con 60 pollos, y solía abastecer a una empresa avícola grande, decidió copiar el modelo de esta empresa y actualmente compra pollos a más de 1.000 mujeres criadoras. Él ahora obtiene mejores resultados que la empresa que lo inspiró.

La primera lección que aprendimos es la importancia del proceso. Cuando todos los diferentes actores del proceso se unen para construir redes comerciales entre ellos, entonces los procesos se desarrollan y se generan por sí mismos.

La segunda lección también es fundamental: cuando vienes del exterior, es mejor partir de las existentes aspiraciones de las personas y estimularlas a soñar en grande y a colores.

“The Road to Jobs” es un proyecto de cinco años financiado por la Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Sida).