Better Work

Mejores condiciones de vida y de trabajo para los trabajadores sordos en Haití

Better Work, una colaboración entre la Corporación Financiera Internacional (CFI) y la OIT, se asoció con una fundación innovadora que mejora los dispensarios en las fábricas e incentiva la calidad de vida de un grupo de trabajadores sordos en Haití.

Opinión | 1 de marzo de 2017
Cynthia Petterson
Share Hope es una empresa social única que opera en Haití; en parte es una fundación y en parte una empresa sin fines de lucro. La fundación colabora con las fábricas de la confección a fin de mejorar el bienestar de los trabajadores, mientras que la empresa suministra a los minoristas indumentos con valor añadido, garantizando que los productos son fabricados, según sus propias palabras: “con el más alto nivel de responsabilidad empresarial y social”.

En esta entrevista Cynthia Petterson, Directora Ejecutiva y fundadora de Share Hope, explica cómo su organización y Better Work colaboran en programas de salud y bienestar con los trabajadores en Haití, gracias al financiamiento y el apoyo de la Fundación Levi Strauss.

¿Cómo se desarrolló la relación entre Better Work y Share Hope?

Nosotros tenemos una relación de trabajo bastante fuerte con Better Work Haití. Con frecuencia, estábamos presentes en las fábricas al mismo tiempo que Better Work y observamos que había importantes sinergias por lo que simplemente comenzamos a caminar juntos de manera informal en función de los problemas que se presentaban y donde nuestro aporte podía ser útil.

En 2013, Levi’s, en el marco de su trabajo con Business for Social Responsibility (BSR), solicitó a Better Work ayuda para poner en práctica el programa de formación HERhealth en las fábricas a las cuales ofrecía asesoramiento. Fue entonces que Better Work nos preguntó si podíamos colaborar con ellos en la implementación.

¿Por qué después se concentraron en los dispensarios de las fábricas?

Durante la implementación del programa HERhealth en diversas fábricas, comenzamos a reflexionar sobre su sostenibilidad, de qué manera podíamos garantizar la difusión de las lecciones aprendidas. Pronto nos dimos cuenta que las enfermeras de las fábricas son, en general, un recurso subutilizado. La legislación laboral en Haití exige la presencia de una enfermera o un enfermero cada 200 trabajadores, aunque muchos propietarios tienen dificultades para llegar a ese número, en parte porque ni ellos mismos, ni los trabajadores, ni las mismas enfermeras tienen mucha confianza en el sistema. Ellos con frecuencia reconocían que el personal del dispensario “pasaba buena parte del día durmiendo”.

De manera que elaboramos un programa para formar a las enfermeras utilizando las técnicas de formación de las cuales disponíamos. Nuestro objetivo era impartirles un nivel más alto de conocimientos técnicos, y la persona encargada de desarrollar nuestro plan de estudios, en sus viajes a Haití, celebró sesiones de formación intensivas sobre cada módulo. A través de este proceso nos dimos cuenta que, en muchos casos, la instrucción era insuficiente y los conocimientos imprecisos.

Después de un año, ¿qué mejoras ha observado?

Diría que todavía es demasiado pronto, pero hemos observado que los dispensarios tienen un aspecto más profesional y hemos constatado una mejor higiene. Los dispensarios utilizan un registro uniforme de admisión de los pacientes. Nos hemos dedicado a fortalecer la relación entre los enfermeros y los médicos visitantes.

En fin de cuentas, nuestra razón de ser es mejorar la vida de los trabajadores y, en esta óptica, hemos organizado grupos de discusión en los últimos dos meses, hasta enero de este año, para conocer sus impresiones. Lo que nos dijeron los trabajadores en estas reuniones es que están satisfechos con el nuevo aspecto de los dispensarios, que aprecian el tratamiento más profesional de las enfermeras y que, en general, sentían que las enfermeras protegían mucho mejor su salud. Las mismas enfermeras han visto su moral aumentar considerablemente, se sienten más respetadas y apreciadas.

Otro proyecto está dirigido específicamente a un grupo de trabajadores sordos empleados en estas fábricas. ¿Qué tipo de programa pusieron en práctica para ellos?


Cuando comenzamos la formación HERhealth en 2014, notamos inmediatamente que en una de las fábricas había una población inusual de trabajadores sordos, de 48 a 50. Para nosotros la igualdad de acceso no tiene fronteras, así que tuvimos que enfrentar el desafío de comunicar y formar a estos trabajadores. Esto dio lugar a los primeros educadores de colegas sordos en el mundo. En consecuencia, pusimos a este grupo de trabajadores en contacto con la Fundación Starkey. Esta organización estaba presente en Haití para proporcionar prótesis auditivas a las personas con discapacidad auditiva. Después que este grupo de trabajadores recibió las prótesis auditivas se hizo evidente que algunos de ellos comenzaban a recuperar la capacidad de pronunciar sonidos reconocibles. Esto nos condujo a organizar clases de comunicación que incluían alfabetización, lenguaje de señas y logopedia. Actualmente, dos trabajadores con discapacidad auditiva trabajan con un logopeda.

¿Qué tipo de dificultades enfrenta este grupo en el trabajo y en la comunidad?

Las personas con discapacidad auditiva en Haití son un grupo marginado. Entrevistamos a las personas que se integraban a este programa y las historias que nos contaron eran muy dolorosas. Les preguntábamos porqué deseas mejorar tu comunicación, y las personas respondían: “Así mi familia me pegará menos” o que las personas “se ocuparán más de nosotros”. Esta ha sido una relación muy especial y es una comunidad muy particular. No conozco ningún otro ejemplo donde un grupo como éste reciba atención y apoyo en los países donde Better Work opera. Estamos muy orgullosos de poder defender sus derechos y de ofrecerles acceso a nuestros programas y actividades.