Día Internacional del Migrante

Imaginemos un día sin trabajadores migrantes

La Vicedirectora General de la OIT y Directora Regional de la OIT para los Estados Árabes, Ruba Jaradat, nos invita a apreciar lo que los trabajadores migrantes hacen por nosotros – y en qué condiciones – y a reflexionar sobre lo que le ofrecemos a cambio.

Opinión | 18 de diciembre de 2015
El 18 de diciembre es el Día Internacional del Migrante, un día de solidaridad mundial con los trabajadores migrantes, o los trabajadores “temporalmente expatriados” como los llaman en los Estados Árabes. El 18 de diciembre 1990, las Naciones Unidas adoptaron la Convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y sus familiares.

Al igual que los otros seres humanos, los trabajadores migrantes son personas que tienen nombres, sentimientos y dignidad. Ellos llevan sus historias, responsabilidades y aspiraciones; y tienen sus derechos.

En este Día Internacional del Migrante, recordamos la historia de Anna, una mujer de Sri Lanka que trabajó como doméstica en un país del Oriente Medio durante 20 años. Su trabajo consistía en limpiar, cocinar y cuidad de dos niños, que crecieron bajo sus cuidados, permitiendo que sus padres pudiesen trabajar a tiempo completo. Afortunadamente, su deseo y voluntad de mejorar la vida de su propia familia en Sri Lanka pudieron hacerse realidad gracias a que sus empleadores cumplieron con sus obligaciones hacia ella. Gracias a esto, Anna pudo mandar a sus hijos a la universidad, y asistió con orgullo y felicidad a su graduación.

Reconozcamos la labor de Anna, quien finalmente está por convertir en realidad su sueño de establecer una pequeña empresa de catering. Para ella, la migración se convirtió en una oportunidad, a diferencia de muchas de las personas que se alejan de sus familias en búsqueda de mejores oportunidades, con frecuencia arriesgando todo sin ninguna garantía. Para demasiados otros, todavía es algo ineludible, una necesidad muchas veces inducida por la falta de dinero para mantener a los seres queridos.

A nivel mundial, se estima en 232 millones el número de trabajadores migrantes, 25 millones de los cuales viven en los Estados Árabes. Muchos trabajan en sectores como la construcción, la agricultura o los servicios, incluyendo el trabajo doméstico. Estas ocupaciones son exigentes, realizadas en condiciones difíciles.

Si bien la migración laboral es bienvenida tanto en el país de origen como en el de destino, y aunque la historia de Anna es una de progreso y éxito – a pesar de todos los sacrificios que tuvo que hacer – para muchos migrantes es una historia de sufrimiento. Demasiados migrantes todavía son víctimas de la explotación, con el pago de elevadas tarifas de contratación, sin salarios adecuados y, en el peor de los casos, privados de su libertad, en situaciones semejantes al trabajo forzoso, a la esclavitud moderna. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima en 600.000 los casos de trabajo forzoso sólo en el Oriente Medio, y muchos de ellos son trabajadores migrantes.

En esta ocasión, tratemos de comprender algunas de las dificultades que enfrentan los trabajadores migrantes. Preguntémonos: ¿Porqué migran? ¿Cómo son contratados, a qué precio, y cómo financian este gasto? ¿Qué condiciones de vida y de trabajo enfrentan? ¿Reciben el salario que se les prometió con puntualidad? ¿Su vida privada es respetada? ¿Con cuánta frecuencia ven a su familia? ¿Pueden renunciar libremente con el preaviso estipulado, si no les gusta su trabajo, y a qué precio? ¿Tienen acceso a mecanismos de queja en caso de maltrato? ¿Qué modalidades de indemnización existen en los países de destino?

Estas son preguntas que la mayoría de nosotros no se plantea en lo que se refiere a nuestra vida profesional. Pero en el caso de los trabajadores migrantes, las respuestas a estas preguntas revelan los numerosos desafíos que enfrentan los trabajadores migrantes. Implican además que los trabajadores migrantes siguen siendo explotados, incluso en situaciones de trabajo forzoso. Tenemos que reflexionar aquí sobre el hecho de que en el mundo árabe – como desafortunadamente sucede en otras partes del mundo – confiscar el pasaporte de un trabajador migrante, negarle tiempo de descanso y libertad de movimiento, son consideradas por muchos como prácticas normales, así como el retraso del pago de los salarios.

Pensemos también en nuestro propio interés.

Si duda alguna nos beneficiamos enormemente de las millones de “Anna” en el mundo. Ellas dejan a sus seres queridos para ir a trabajar a otro país, empleos con salarios más altos que en sus países pero que están acompañados de condiciones de trabajo tan difíciles y cuya remuneración es tan inadecuada que los ciudadanos del país se rehúsan a aceptar.

¿Qué pasaría si no contáramos más con ellos? ¿Y si mañana fuese un día sin trabajadores migrantes? ¿Qué haríamos sin los servicios de Anna? ¿Qué pasaría si no tuviésemos recolectores de basura, ni nadie que cosechase nuestra fruta? ¿Y cómo construiríamos nuestros rascacielos en el calor sofocante mientras que nosotros estamos sentados en nuestras oficinas con aire acondicionado?

Todo se detendría completamente.

La migración laboral es un poderoso factor de desarrollo, tanto para el país de origen como para el de destino. El tema está en el orden del día de todos los gobiernos, y los Estados miembros de las Naciones Unidas reconocieron su importancia al asumirlo como elemento central de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Existe entonces la oportunidad de formular políticas migratorias “justas” en conformidad con las normas internacionales del trabajo, que beneficien a todos, también a los trabajadores migrantes, y que no perdonen a los empleadores abusivos ni a los contratistas deshonestos.

El 18 de diciembre, apreciemos lo que los trabajadores migrantes hacen por nosotros – y en que condiciones – y reflexionemos sobre lo que le damos a cambio.