Perspectivas sociales y del empleo en el mundo – Tendencias 2015

La persistencia de las desigualdades ocasionará un aumento del desempleo en los próximos cinco años

El emblemático informe de la OIT sostiene que la lenta recuperación del empleo y la inestabilidad social son consecuencia del agravamiento de las desigualdades.

Noticia | 20 de enero de 2015
¿En qué países será más alto el desempleo en los próximos cinco años?
GINEBRA (OIT Noticias) – El desempleo seguirá aumentando en los próximos años conforme la economía mundial entró en un nuevo período que conjuga un crecimiento más lento, un aumento de las desigualdades y conflictividad social, advierte un nuevo informe de la OIT.

En 2019, más de 212 millones de personas no tendrán trabajo frente a los 201 millones que actualmente están desempleadas, según el informe Perspectivas sociales y del empleo en el mundo – Tendencias 2015 (WESO en inglés).

“Más de 61 millones de empleos se han perdido desde el comienzo de la crisis mundial en 2008 y nuestra previsiones muestran que el desempleo seguirá aumentando hasta finales de la década. Esto significa que la crisis del empleo dista mucho de haber terminado, de manera que no hay margen para la complacencia”, declaró el Director General de la OIT, Guy Ryder.

La situación del empleo ha mejorado en Estados Unidos y Japón, pero sigue siendo problemática en un número de economías avanzadas, sobre todo en Europa.

Empleo vulnerable

Dos regiones, Asia Meridional y África Subsahariana, concentran tres cuartas partes del empleo vulnerable del mundo.

Asia Oriental es una de las regiones que tiene mayores probabilidades de reducir más el empleo vulnerable, el cual debería pasar de 50,2 por ciento en 2007 a 38,9 por ciento en 2019 en la región.

La situación del empleo no ha mejorado mucho en África Subsahariana, a pesar de los mejores resultados en el crecimiento económico; y en la región árabe y en algunas zonas de América Latina y el Caribe las perspectivas de empleo se han deteriorado.

El pronunciado descenso en los precios del petróleo y del gas, si se mantiene, podría mejorar las perspectivas de empleo en muchas economías avanzadas y en diversas economías de Asia, según algunas previsiones. Por el contrario, los mercados laborales en los principales países productores de petróleo y gas, sobre todo en América Latina, África y la región árabe, se verán gravemente afectados.

Los trabajadores jóvenes entre 15 y 24 años son los más afectados por la crisis, con una tasa mundial de desempleo juvenil de casi 13 por ciento en 2014, y un incremento adicional previsto para los próximos años. En cambio, a los trabajadores mayores les ha ido relativamente mejor desde el comienzo de la crisis financiera mundial en 2008.

El auge de las clases medias en los países en desarrollo

En los países en desarrollo, las clases medias constituyen más de 34 por ciento de la totalidad del empleo. Los mayores progresos fueron realizados en los países emergentes y de bajos ingresos.

“La buena noticia es que el número de trabajadores en empleos vulnerables y de trabajadores pobres disminuyó en todo el planeta. Sin embargo, sigue siendo inaceptable que casi la mitad de los trabajadores del mundo no tenga acceso a los productos y servicios de primera necesidad y al trabajo decente”, señalo Ryder. “La situación de las mujeres es aún peor.”

Desigualdad de ingresos, desempleo e inestabilidad social

Según el informe, las crecientes y persistentes desigualdades y las inciertas perspectivas en lo que se refiere a las inversiones de las empresas, han hecho más difícil que los países se recuperen de la crisis.

“Si los bajos salarios llevan a las personas a consumir menos y las inversiones siguen siendo débiles, esto tiene evidentemente un impacto negativo en el crecimiento. En algunas economías avanzadas, la desigualdad de ingresos se está aproximando a los niveles registrados en algunas economías emergentes. Por el contrario, las economías emergentes han logrado algunos progresos en la reducción de sus altos niveles de desigualdad”, señaló en Director General de la OIT.

El informe indica que la desigualdad de ingresos seguirá ampliándose, con el 10 por ciento más rico de la población que devengará entre 30 y 40 por ciento del total de los ingresos, mientras que el 10 por ciento más pobre ganará entre 2 y 7 por ciento del total de los ingresos.

Estas tendencias han minado la confianza en los gobiernos y mantienen alto el riesgo de conflictividad social, advierte el informe. El malestar social es particularmente grave en los países y regiones donde el desempleo juvenil es alto o está aumentando rápidamente.

En concordancia con la tasa de desempleo mundial, el malestar social se disparó desde el comienzo de la crisis en 2008, y en la actualidad sus niveles son casi 10 por ciento más altos que antes de la crisis.

Sólo las economías desarrolladas y los países de la región de Asia Sudoriental y el Pacífico experimentaron una disminución de la conflictividad social, después de alcanzar su punto máximo antes o en el momento de la crisis mundial. Pero aún allí, los niveles de malestar social se encuentran muy por encima de los valores históricos.

Los próximos desafíos

Los factores estructurales que configuran el mundo del trabajo, tales como una disminución de la oferta de mano de obra – debido en parte al envejecimiento de la población en muchas partes del mundo – han debilitado el crecimiento económico mundial, según el informe.

Entre otros factores se encuentran el cambio considerable en la demanda de competencias. A nivel mundial, la proporción de empleos poco cualificados y empleos no rutinarios, tales como el personal de seguridad y algunos trabajadores que prestan cuidados personales, y de empleos altamente cualificados y cognitivos, no rutinarios como abogados e ingenieros informáticos, ha aumentado. En cambio, los empleos rutinarios con un nivel de cualificación medio – como contables o personal de oficina – están disminuyendo.

“Las tendencias que observamos son preocupantes pero es posible mejorar el panorama económico general si abordarnos las debilidades subyacentes, en particular la carencia crónica de demanda agregada, el estancamiento de la zona euro, las perspectivas inciertas para las inversiones productivas – sobre todo entre las pequeñas empresas – y las crecientes desigualdades”, concluyó Guy Ryder.