Preguntas/Respuestas

La igualdad de género en el sector rural: un desafío siempre presente

El Día Internacional de la Mujer de este año – Empoderamiento de las mujeres rurales, erradiquemos la pobreza y el hambre – destaca la necesidad de enfrentar las desigualdades entre los géneros en el sector rural. Las mujeres que viven y trabajan en las zonas rurales con frecuencia son consideradas y tratadas como ciudadanas de segunda categoría. A pesar del poco reconocimiento que reciben por su trabajo, la contribución socioeconómica que aportan al bienestar de sus hogares y comunidades es inmensa. En esta entrevista, Jane Hodges, Directora de la Oficina para la Igualdad de Género de la OIT, expone las múltiples facetas de la difícil situación de las mujeres rurales.

Artículo | 2 de marzo de 2012

1 - ¿Cuál es la situación de la igualdad de género en el sector rural?

Cerca de 70 por ciento de los pobres del mundo está concentrado en las comunidades rurales. Estas comunidades que dependen de la agricultura, la silvicultura, la pesca, la ganadería para ganarse la vida. Dentro de estas comunidades, los más pobres entre los pobres son con frecuencia mujeres y jóvenes que carecen de un empleo decente y regular, que padecen hambre o malnutrición, y que tienen una falta de acceso a la salud, la educación y los bienes productivos. Aunque las desigualdades de género varían de manera considerable entre las diversas regiones y sectores, existen pruebas de que, a nivel mundial, las mujeres se benefician menos del empleo rural - bien sea trabajo por cuenta propia o remunerado - que los hombres.

2. ¿Por qué las mujeres en las zonas rurales son por lo general más pobres y enfrentan peores condiciones de vida que los hombres?

Existen diversas causas. En primer lugar, las mujeres están empleadas de manera desproporcionada en trabajos de baja calidad, incluyendo trabajos en los cuales sus derechos no son suficientemente respetados y la protección social es limitada. Otra razón, relacionada con la anterior, es que las mujeres reciben salarios inferiores que los hombres (cerca de 25 por ciento menos, para ser más precisos). Esto no significa que trabajen menos, al contrario. El problema es que gran parte del trabajo que realizan no es valorado ni remunerado como corresponde. De hecho, muchas mujeres rurales son trabajadoras familiares no remuneradas. Esto no sólo reduce su ingreso laboral, sino que además puede aumentar su nivel de estrés y fatiga.

3. ¿Cuáles son las causas de la desigualdad de género en el sector rural?

La desigualdades de género en el empleo rural existen y persisten debido a una serie de factores sociales, económicos y políticos interrelacionados. Sin embargo, existe una causa específica que supera a todas las otras: el papel invisible, pero poderoso, de instituciones sociales que debilitan a un sexo frente a otro. Esto incluye las tradiciones, las costumbres y las normas sociales que rigen el complejo funcionamiento de las sociedades rurales, y que actúan como limitante de las actividades de las mujeres y restringen su capacidad de competir en igualdad de condiciones con los hombres. No queremos decir que las mujeres que viven en las ciudades no sufran la pobreza, pero el contexto rural suma una presión extra sobre la igualdad de oportunidades.

4. ¿Puede darnos algunos ejemplos de estas tradiciones y costumbres?

Este es un ejemplo que cualquier persona que ha vivido y trabajado en zonas rurales aisladas puede reconocer: la visión generalizada de que las mujeres tienen la obligación de trabajar en el hogar, cocinar, limpiar y cuidar de los niños, así como de los enfermos y los ancianos. Otra es la convicción de que las mujeres son menos capaces de administrar recursos que los hombres. La idea de que las mujeres tienen que pedirle permiso a sus esposos o protectores para salir de la casa es otra de estas costumbres. También las restricciones sociales – en algunos casos legales – que impiden que las mujeres posean una propiedad o tengan derecho a heredar bienes. Estas prácticas son muy difíciles de erradicar y perjudican la capacidad de las mujeres de progresar como miembros activos de la sociedad, además de reprimir su emancipación económica.

5. ¿Por qué resulta importante abordar las desigualdades de género en el empleo rural?

En primer lugar, porque no ofrecer igualdad de oportunidades a las mujeres constituye una violación de sus derechos humanos. Segundo, porque no lograremos erradicar la pobreza extrema (como establecen los Objetivos de Desarrollo del Milenio) hasta que no reconozcamos el hecho de que las mujeres figuran de manera desproporcionada entre las personas más pobres en las zonas rurales. Tercero, y este factor no se aplica sólo a las zonas rurales, la igualdad de género es beneficiosa desde el punto de vista económico. Está demostrado que educar a las mujeres y ofrecerles oportunidades de acceso a empleos calificados y bien remunerados beneficia a sus familias y a sus comunidades de diversas maneras: tasas de fertilidad más bajas, disminución de la mortalidad infantil, y mejoras en la salud, la nutrición y en los niveles de educación de los niños. En fin, sería casi imposible vencer la lucha contra el trabajo infantil a menos de que los padres (madres y padres) puedan producir o ganar lo suficiente para garantizar el sustento de la familia.

6. ¿Puede decirse que la crisis económica mundial ha tenido un impacto particular sobre las mujeres en empleo rural?

La crisis financiera llegó en un momento en el cual muchas personas en los países en desarrollo ya estaban enfrentando dificultades a causa del aumento de los precios de los alimentos y del combustible. Es difícil cuantificar el impacto de la crisis en términos de igualdad de género, pero se pueden prever algunas tendencias. Por ejemplo, es posible anticipar que en la mayoría de los países las mujeres asuman la responsabilidad de actuar en última instancia como redes de seguridad y de garantizar la supervivencia de sus familias. También es posible que se intensifique aún más la carga de trabajo no remunerado de las mujeres rurales, sobre todo en los hogares de bajos ingresos, y en particular cuando los servicios públicos (los pocos que en la actualidad llegan a las zonas rurales) sean reducidos como parte de las medidas de austeridad. Al mismo tiempo, es probable que las mujeres, más que los hombres, reciban ofertas de trabajo precario y con pocas perspectivas de progreso, y que esto afecte su salud y la de sus hijos. En México, durante la crisis de 1995, por ejemplo, las tasas de mortalidad infantil aumentaron más en las zonas donde incrementó la participación laboral de las mujeres, siendo las niñas las más afectadas.

7. ¿Qué está haciendo la OIT para promover la igualdad de género en las zonas rurales?

¡Mucho! Las mujeres enfrentan desigualdades en todos los pilares del Trabajo Decente: normas y derechos en el trabajo, creación de empleo, protección social y diálogo social. Es por este motivo que para la OIT la igualdad de género es un tema transversal. La OIT ha implementado un número de proyectos que promueven la igualdad de género en las zonas rurales. Uno de ellos es el Sistema Cooperativo para África, que promueve el desarrollo de las cooperativas en todo el continente. La OIT organizó hace poco un taller participativo en el Cooperative College de Kenya para discutir sobre las estrategias destinadas a estimular la participación de las mujeres en las juntas de administración de las cooperativas. El Programa de desarrollo de la iniciativa empresarial de la mujer y la igualdad de género (WEDGE, por sus siglas en inglés) de la OIT está en su tercera y última fase. El objetivo de este proyecto es incrementar las oportunidades económicas para las mujeres, al realizar acciones positivas dirigidas a apoyar el establecimiento, formalización y desarrollo de sus empresas, y al integrar la perspectiva de género en la labor de la OIT a favor de la creación de empresas. En Timor- Leste, la OIT apoya al Instituto de Apoyo al Desarrollo Empresarial y a la Dirección Nacional de Desarrollo Rural del Ministerio de Economía para estimular el progreso económico local, mejorar la calidad de los servicios públicos y a crear empleos de calidad en las zonas rurales. Lo hace fomentando el acceso de las PYME a los mercados, fortaleciendo a los contratistas locales y mejorando la oferta de servicios dirigidos al desarrollo de empresas.