Una alimentación decente en el trabajo para mejorar el bienestar y la productividad de los trabajadores

En el mundo del trabajo, los principales temas de interés para los empleadores y los sindicatos suelen ser la seguridad, los salarios y la garantía del empleo. Por lo general, no se presta mucha atención a la forma como los trabajadores se alimentan durante sus jornadas laborales, como lo muestra un nuevo informe de la OIT. A la mayoría de los empleadores poco o nada les interesa instaurar un programa de alimentación para sus empleados. Sin embargo, facilitar el acceso de los trabajadores a comidas sanas y balanceadas es tan importante como protegerles contra sustancias químicas nocivas o el ruido. El estudio de la OIT explica que la buena alimentación de los trabajadores constituye un buen negocio para las empresas, ya que contribuye a aumentar la productividad y la motivación del personal, prevenir los accidentes y los decesos prematuros y reducir las gastos médicos. El hecho de brindar una alimentación adecuada a los trabajadores puede incrementar la productividad nacional en un 20 por ciento y el hecho de aumentar en uno por ciento el número de kilocalorías (Kcal) genera un alza del 2,27 por ciento de la productividad global de la fuerza de trabajo.

Artículo | 20 de julio de 2005

CIUDAD GUATEMALA - San Pedro Diseños es una empresa textil creada en Ciudad Guatemala a principios de los años noventa. Produce franelas, blusas, faldas, chaquetas, jeans, pantalones y shorts deportivos para grandes marcas de los países industrializados.

Hasta hace algunos años, los trabajadores de esta fábrica estaban confrontados con el mismo problema que el resto de la población del país: aproximadamente el 60 por ciento de los hogares guatemaltecos no tienen ingresos suficientes para comprar los alimentos que les ofrezcan las calorías y los nutrientes que necesitan. Desde 1997, se requieren dos salarios mínimos para cubrir el costo de la canasta familiar básica.

Hace varios años, la compañía San Pedro Diseños elaboró un programa de seguridad y salud en el trabajo, que incluía la reorganización del servicio de comidas, con el objeto de remediar la falta de calorías y nutrientes del personal. Las principales novedades de este programa alimentario fueron la puesta a disposición del personal de una cocina completa y un comedor, el suministro de comidas subsidiadas con menús variados y equilibrados, un período de una hora para comer y la distribución gratuita de café y pan dulce durante las pausas.

La dirección de la empresa había constatado que la mayoría de los trabajadores comenzaban su jornada sin haberse desayunado y que muchos de ellos no tomaban un almuerzo nutritivo. Como las tres cuartas partes de la población guatemalteca, los empleados de San Pedro Diseños tenían generalmente una dieta pobre y poco variada, constituida por arroz, frijoles y tortilla de maíz.

Estos trabajadores ahora pueden disfrutar de verdaderos desayunos y almuerzos. Los directivos y los dueños de la empresa comparten el mismo comedor y la misma comida que ellos. Los almuerzos que toman contienen entre 1.000 y 1.100 kcal, es decir, la mitad de los requerimientos diarios que necesitan los obreros de la planta San Pedro Diseños, que en su mayoría trabajan con una máquina de coser.

Los gerentes de la empresa han constatado muchos efectos benéficos desde la creación de este nuevo programa de comidas: el nivel de productividad y de satisfacción de los trabajadores ha aumentado, se ven más motivados y se ha registrado una baja del ausentismo, de la rotación de personal por enfermedades y de los gastos médicos. Desde 2001, la producción se ha incrementado en un 70 por ciento y las ganancias anuales en un 20 por ciento.

En un país de Europa Central como Austria, los problemas vinculados con la alimentación de los trabajadores son bastante diferentes, ya que el 12 por ciento de la población nacional era obeso en 2001. Alentados por el vigor de la economía y el nivel de conciencia social de la ciudadanía, seis sindicatos austríacos han elaborado un concepto de restauración colectiva llamado " Gesund, leicht und fair essen im Betrieb", lo que significa "Comer sano, liviano y de manera equitativa en la empresa".

La parte del eslogan que se refiere a "comer liviano y sano" expresa la voluntad de luchar contra la tendencia del "mal comer" y el aumento de la obesidad y de las tasas de enfermedades crónicas, unas de las más elevadas de Europa Occidental. Los términos "de manera equitativa", incluidos en el eslogan sindical, se refieren a la necesidad de que los alimentos servidos en los comedores de empresa hayan sido producidos y adquiridos en condiciones aceptables desde un punto de vista ecológico y social.

Este tipo de programa puede tener un impacto importante, ya que 1,5 millón de trabajadores austríacos comen cada día en el comedor de su empresa. Los responsables de los servicios de restauración, en las empresas privadas o públicas, deben cumplir con criterios de calidad que respondan a la necesidad de los clientes de consumir alimentos frescos, gustosos y sanos, aun cuando esto involucre un costo mayor. Se les recomienda negociar estos criterios con sus proveedores y especificarlos en las invitaciones para presentar licitaciones. Así pues, esta iniciativa pretende, al mismo tiempo, fomentar la agricultura local.

Los programas de comidas en el trabajo: buenos para los trabajadores y para las empresas

Los dos ejemplos arriba mencionados forman parte de una serie de casos positivos presentados en el nuevo estudio de la OIT sobre las acciones emprendidas por los gobiernos, los empleadores y los sindicatos para mejorar la alimentación de los trabajadores.

En los países ricos, donde la obesidad y las enfermedades afines como el cáncer, la diabetes y los trastornos cardiovasculares constituyen verdaderas epidemias, ciertos empleadores han decidido ofrecer a su personal comidas más sanas, o facilitarles el acceso a alimentos sanos como a través de la venta de productos agrícolas en la propia empresa. En las economías en desarrollo o emergentes, en las que la hambruna y la subalimentación siguen causando estragos, algunos empleadores ofrecen a su personal comidas balanceadas gratuitas o el acceso a alimentos callejeros de mejor calidad. En muchos países, las pequeñas empresas, o las que no pueden financiar un comedor, pueden suministrar a su personal bonos con los que pueden comprar comidas decentes.

Sin embargo, una de las conclusiones del informe es que "la mayoría de los programas de comidas de las empresas no alcanzan los objetivos deseados. En muchos casos, el mundo del trabajo obstaculiza la buena alimentación de los trabajadores en vez de facilitarla. Los comedores, cuando los hay, suelen ofrecer menús poco sanos y variados. Además, en muchos lugares de trabajo hay máquinas distribuidoras con las que los empleados compran alimentos de baja calidad alimenticia", explica Christopher Wanjek, el autor del referido estudio de la OIT.

Una de las alternativas a las comidas servidas en comedores es la compra de alimentos callejeros, pero éstos pueden estar contaminados con bacterias. En algunas partes, los trabajadores ni siquiera tienen tiempo o un lugar para comer o, peor, no tienen dinero para comprar alimentos. En muchas empresas, el personal tiene derecho a media hora aproximadamente para comer.

En los países en desarrollo, las comidas servidas en la empresa como las suministradas a los trabajadores de la planta San Pedro Diseños en Guatemala, representan un verdadero lujo. Ciertos trabajadores simplemente no absorben una cantidad suficiente de calorías para realizar las tareas difíciles que se les exige. En cuanto a los trabajadores móviles y jornaleros, deben arreglárselas por sí solos para comer durante su jornada laboral.

La mayoría de las grandes empresas de los países industrializados ofrecen sistemáticamente programas de comidas a sus empleados. "Está la cafetería de la empresa y se considera que, si a los trabajadores no les gusta la comida servida ahí, pueden traer su lonchera o salir a comer afuera. El problema es que muchos países y empresas siguen apegados al principio, heredado del período postguerra, según el cual se debe "saciar el apetito" de la fuerza de trabajo, es decir, buscan ofrecer una gran cantidad de comida, pero no necesariamente comida saludable", puntualiza el Sr. Wanjek.

"Cada día, centenares de millones de trabajadores toman sus comidas de una manera no satisfactoria. Muchos pasan hambre, mientras que otros tarde o temprano acaban padeciendo una enfermedad. Esta situación tiene consecuencias muy negativas para la productividad y la salud de los trabajadores", añade el autor.

Ciertos estudios han mostrado que los trabajadores obesos tienen dos veces más probabilidad de faltar al trabajo que los trabajadores que gozan de buena salud. En los países industrializados, entre el 2 y el 7 por ciento de los gastos médicos totales son causados por la obesidad. En Estados Unidos, se estimó en 1995 que el costo total imputable a la obesidad ascendía a 99,2 mil millones de dólares.

Se sabe además que la mitad de la población mundial, principalmente en el mundo en desarrollo, sufre una deficiencia de hierro, un problema que causa debilidad y falta de energía y de coordinación. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los hombres y las mujeres que carecen de hierro tienen una capacidad de trabajo y una fuerza física reducidas en un 30 por ciento. En Asia del Sur, la deficiencia de hierro genera por sí sola una pérdida de 5 mil millones de dólares en términos de productividad.

"Como lo muestra el estudio de la OIT, existe un claro vínculo entre una alimentación de calidad y una productividad elevada. El ofrecer una alimentación decente a los trabajadores no sólo es importante a nivel social y desde una perspectiva de viabilidad económica, sino que es una práctica rentable para las empresas. El suministro de comidas de calidad adecuada en el lugar de trabajo es una solución con la que todos salen ganando: el gobierno, los empleadores y los trabajadores", concluye François Eyraud, director del Programa sobre Condiciones de Trabajo y Empleo de la OIT.


Nota 1 - Food at work, workplace solutions for malnutrition, obesity and chronic diseases, por Christopher Wanjek, Oficina Internacional del Trabajo, Ginebra, 2005, ISBN 92-2-117015-2.