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Luchar contra la explotación sexual comercial de los niños en las playas de Madagascar

La pobreza y la falta de oportunidades de empleo hacen que muchas adolescentes de las zonas costeras de Madagascar sean vulnerables a quedar atrapadas en la explotación sexual comercial. Un proyecto de la OIT apoya los esfuerzos de la comunidad para combatir este problema, una de las peores formas de trabajo infantil.

Reportaje | 12 de abril de 2018

TOLIARA, Madagascar (OIT Noticias) – Ubicada en el sur de Madagascar, en una fabulosa franja costera, la zona de Toliara está rodeada de playas paradisíacas. Pero la presencia de turistas en un contexto de pobreza extrema representa también un peligro para los niños, quienes pueden caer víctimas de la explotación sexual comercial.

De 2014 a 2016, la OIT, en colaboración con UNICEF, llevó a cabo un proyecto para ayudar a los adolescentes que han caído en las garras de la explotación sexual a abandonarla definitivamente y aprender un oficio.

“Proporcionamos apoyo a 80 menores en 2014 y 2015, y a 50 en 2016,” señaló Emma Razanakolona, responsable de la oficina local de SOS Villages d’enfants, la ONG encargada de la puesta en práctica del proyecto en Toliara.

Gracias al respaldo de un comité local que lucha contra la prostitución – constituido por autoridades locales y regionales, agentes económicos e inspectores del trabajo – la ONG identificó a los beneficiarios a través de campañas de sensibilización organizadas incluso en las discotecas y en las aldeas vecinas.

Los beneficiarios del programa eran niños, en su mayoría hembras, pero también varones que fungían de intermediarios. Ellos recibieron tres meses de formación en el sector de la hostelería – como meseros, camareros, cocineros y bármanes – un sector en el cual a los empleadores les resulta difícil encontrar personal calificado. Después de la formación teórica, los participantes hicieron pasantías de tres meses que en diversos casos terminaron con una oferta de empleo.

De la explotación sexual a trabajadora de hotel calificada

Nos reunimos con Bonita, 22 años, a unos pocos kilómetros de Toliara, en un hotel en Mangily, a la orilla de la célebre playa de Ifaty, bordeada de palmeras y salpicada de coloridos botes de pesca.

Proveniente de una familia pobre y una de cinco hijos, ella quedó atapada en la explotación sexual comercial de niños desde los 15 años. Ganaba 70.000 ariary (20 dólares) si el autor del delito era occidental, 10.000 ariary (3 dólares) si era local. Hoy día, Bonita dejó atrás la explotación para siempre.

Gracias a la formación que recibió, trabaja como mesera en el restaurante del hotel. Ella dice ser feliz y sueña con abrir un pequeño local de comida rápida (conocido localmente como gargote) dentro de algunos años. Bonita explicó que aceptó contar su terrible experiencia para alertar a otros jóvenes sobre los peligros de quedar atrapado en la explotación sexual comercial de los niños.

De rufián a cocinero

Cerca de allí, en otro establecimiento a la orilla del mar, encontramos a Justome, 21 años. Nos contó que comenzó en lo que llama “el negocio” cuando tenía 15 años. En su papel de intermediario, también alquilaba habitaciones para las muchachas y los turistas. Justome dijo que algunos clientes occidentales le pedían menores de edad. Identificado por el proyecto, se formó como cocinero y ahora se gana la vida dignamente trabajando como asistente de cocina en el Bamboo Club. Sus planes para el futuro incluyen casarse y formar una familia. Sueña con seguir estudiando para llegar a ser jefe de cocina.

Christian Yvan, gerente del Bamboo Club, dice estar muy satisfecho con su nuevo empleado. Él considera que los empleadores de la región están seriamente involucrados en la lucha contra la explotación sexual con fines comerciales de los niños. Su hotel firmó una carta que prohíbe la entrada de menores al establecimiento y hay un número al que puede llamar en caso de que se presente algún incidente. “Debemos luchar si queremos mantener un flujo constante de turistas,” explicó.

Impulsados por la pobreza

La pobreza de la región, sin embargo, hace que esta lucha sea difícil. Mientras nos encontrábamos en Mangily, un atardecer fuimos a un bar, no habían pasado 10 minutos que nos ofrecieron a una niña de 15 años. Si hubiésemos aceptado, el encuentro habría tenido lugar en un pequeño motel a pocos metros del hotel.

De regreso a Toliara, nos reunimos con Frankita, quien está orgullosa de llevar puesto su uniforme de camarera de uno de los hoteles más prestigiosos de la ciudad.

Frankita, 18 años, quedó atrapada en la explotación sexual comercial cuando era mucho más joven, caminando en la calle principal de Toliara, cerca de donde trabaja hoy día. Ella narra su experiencia con términos despiadados como si quisiera exorcizar su sufrimiento.

La mayor de cinco hermanos, Frankita cayó víctima de la explotación sexual infantil con fines comerciales a causa de los problemas económicos de su familia. Gracias a su formación como camarera, ahora es más positiva sobre su futuro. Es un placer verla reír y bromear con sus colegas en el trabajo. Su salario mensual le permite ganar un ingreso decente y sus superiores están contentos con su trabajo. Descubrió la religión y alberga la esperanza de casarse y olvidar el pasado.

Acuerdos financieros en vez de cárcel

El inspector local del trabajo, Patrick Andriavelo, hace lo posible para enfrentar la difusión de la explotación sexual comercial de los niños. En calidad de presidente del comité regional contra el trabajo infantil ha colaborado estrechamente con el proyecto de la OIT, instituyó los vigilantes vecinales y ha descubierto a diversos extranjeros autores de delitos, quienes más tarde fueron condenados. Pero él es el primero en admitir cuán difícil es aplicar la ley: “Los acuerdos financieros son más comunes que las condenas penales,” dijo.

Lo primero que hay que hacer ... es hacer de la lucha contra las peores formas de trabajo infantil en Toliara y más allá una prioridad nacional."

Christian Ntsay, Director de la Oficina de la OIT en Antananarivo
El Asesor técnico regional de Toliara, Leda Narcisse Tovonasy, afirmó que las autoridades locales están comprometidas a luchar eficazmente contra la explotación sexual comercial de los niños. “La zona de Toliara posee muchas atracciones turísticas,” señaló. A él también le gustaría que la ley fuese aplicada estrictamente.

“Este proyecto forma parte de una iniciativa más amplia de la OIT en Madagascar dirigida a eliminar el trabajo infantil. Se ha proporcionado formación, así como apoyo en materia política y jurídica, al Gobierno y a los interlocutores sociales a fin de crear las condiciones para erradicar las peores formas de trabajo infantil,” declaró Christian Ntsay, Director de la Oficina de la OIT en Antananarivo, la capital de Madagascar.

“Madagascar ha ratificado los Convenios núm. 138 sobre la edad mínima de admisión al empleo y núm. 182 sobre las peores formas de trabajo infantil. Existe un plan de acción nacional. Lo primero que hay que hacer, por lo tanto, es aplicar la legislación vigente y hacer de la lucha contra las peores formas de trabajo infantil en Toliara y más allá una prioridad nacional,” concluyó.