Día Mundial del Docente

50 años de lucha para poner a los docentes en el corazón de la educación de calidad

El Día Mundial de los Docentes es la ocasión para ponernos de su lado a fin de hacer de la educación una verdadera fuerza para la paz, el descubrimiento y la realización.

Opinión | 5 de octubre de 2016
En este día, las escuelas, los padres y los estudiantes de todo el mundo celebran el Día Mundial del Docente. En esta ocasión, nuestro mensaje es claro: nada puede sustituir a un buen educador, ni la tecnología, ni las tabletas o los programas de aprendizaje electrónico. Todos nosotros recordamos a los docentes que cambiaron nuestras vidas, que hicieron nacer vocaciones y abrieron nuestras mentes. Hoy día, más que nunca, el mundo necesita más docentes, docentes mejor formados y más valorados.

Hace cincuenta años, setenta y cinco países adoptaron una norma internacional para una profesión que enfrentaba múltiples desafíos, durante una conferencia convocada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

La Recomendación OIT/UNESCO relativa a la situación del personal docente (1966) establece los derechos y las responsabilidades de los educadores además de exigir una formación apropiada, salarios y apoyos adecuados. Además, pone de manifiesto la importancia de que los docentes y sus organizaciones participen en los procesos que determinan sus condiciones de trabajo y las políticas educativas en general.

El mundo y, en consecuencia la educación, ha experimentado cambios profundos desde 1966. Sin embargo, el contenido de esta recomendación no ha caducado.

Los docentes son agentes de cambio situados en primera línea, sirven de modelo y tienen una fuerte influencia en el éxito de los estudiantes, pero con frecuencia enfrentan difíciles condiciones de trabajo. En muchos países en desarrollo, los salarios siguen siendo demasiado bajos para atraer o retener a buenos educadores. Hasta en numerosos países desarrollados, según un estudio reciente de la OCDE, los docentes de primaria y de los primeros años de secundaria ganan respectivamente 78 y 80 por ciento menos que otros trabajadores con un nivel de formación similar.

Es aún peor la situación de los salarios y la formación de los docentes con contratos a corto plazo, una práctica muy difundida en los países que tienen dificultades para responder a las carencias de personal docente. Estas malas condiciones implican altas tasas de abandono y absentismo que afectan a muchos países en sus esfuerzos por formar un cuerpo docente de calidad. Todos los años, la OIT se ocupa de casos de maestros que han sido despedidos, agredidos o arrestados por participar en actividades sindicales.

La Agenda 2030 de desarrollo sostenible, el plan de acción de las Naciones Unidas para los próximos 15 años, reconoce la importancia de los docentes. Los países se han comprometido a hacer universal la educación primaria y secundaria de aquí a 2030, porque la educación es un derecho humano esencial para la dignidad y el empoderamiento. Es además un instrumento para lograr la igualdad de género, la erradicación de la pobreza y la sostenibilidad. Es la inversión más acertada que un país puede hacer para la paz y la prosperidad.

Esto significa invertir en los docentes.

Entre 2015 y 2030, la demanda de docentes en los países de ingresos bajos y medios bajos debería aumentar un 60 por ciento, de 22 millones a 37 millones. Estimamos que será necesario contratar alrededor de 69 millones de docentes para permitir que todos tengan acceso a la educación. Esta es una excelente razón para hacer esta profesión atractiva.

Según el Informe de seguimiento de la educación en el mundo de la UNESCO 2016 en el África Subsahariana, más de la mitad de los docentes de enseñanza preescolar y tres cuartas partes de los del segundo ciclo de la enseñanza secundaria no están formados. Es necesario mejorar la formación de los docentes y los niveles de calificación para hacer frente a la demanda, y apoyar a los docentes que trabajan en las comunidades más marginalizadas o en situaciones de crisis o conflictos.

Son necesarias nuevas voluntades y recursos para satisfacer esta demanda; para contratar, retener y motivar una de las más bellas profesiones del mundo.

Las dificultades financieras deben ser abordadas a través de regímenes impositivos más justos, esquemas recaudatorios alternativos y asociaciones público-privadas bien administradas. Estas soluciones, bien sean públicas o privadas o una combinación de ambas, debe ser eficientes y sostenibles, y deben garantizar equidad para todos los alumnos.

Los docentes deben recibir una remuneración adecuada comparada a otras profesiones con exigencias similares a fin de atraer jóvenes talentos. Ellos deben ser responsables de su desempeño y a la vez oponerse a la aplicación de mecanismos de rendición de cuentas demasiado simplistas.

Y, sobre todo, y aquí la Recomendación de 1966 es muy clara, los docentes deben participar en todos los niveles de las políticas y de las decisiones que los afectan. Los responsables de las políticas deben contrarrestar las ideas erróneas según las cuales los sindicatos de los educadores constituyen un obstáculo a la reforma de la educación, y deben luchar contra los esfuerzos dirigidos a restringir el derecho fundamental de los educadores a la libertad sindical. La experiencia demuestra que un diálogo social sincero – consultas institucionalizadas y regulares, el intercambio de información y, cuando sea pertinente, la negociación – entre los docentes y sus empleadores puede ser un camino viable para reformas sostenibles de la educación y docentes eficaces.

Día tras día, los educadores están en la primera línea, formando las jóvenes mentes, ideando nuevas maneras de vivir juntos en sociedades cada día más diversas. El Día Mundial de los Docentes es la ocasión para ponernos de su lado a fin de hacer de la educación una verdadera fuerza para la paz, el descubrimiento y la realización.

Irina Bokova, Directora General de la UNESCO
Guy Ryder, Director General de la OIT