COP 21

Cómo Filipinas se recuperó de la catástrofe a través del trabajo decente

Desde el tifón Haiyan, la OIT colabora con las comunidades locales en Filipinas para aumentar su resiliencia a futuras tormentas. En la próxima Conferencia sobre el Clima de París (COP 21), la OIT defenderá la idea que las agendas de cambio climático y de trabajo decente se sustentan mutuamente.

Reportaje | 23 de noviembre de 2015
FILIPINAS (OIT noticias) – En noviembre 2013, el tifón Haiyan asoló enteras regiones de Filipinas, causando la muerte de miles de personas. Fue uno de los ciclones más violentos jamás registrados. Las poblaciones de las islas de Cebu, Coron, Leyte, Samar y Panay sufrieron graves pérdidas económicas, además de las trágicas pérdidas de vidas. Al menos 14,2 millones de personas fueron afectadas, entre las cuales 5,9 millones de trabajadores cuyos medios de vida fueron destruidos o seriamente deteriorados por el peor desastre natural ocurrido en el país.

Desde diciembre 2013, la OIT había comenzado a trabajar con el Departamento de Trabajo y Empleo de Filipinas (DOLE) para instaurar programas de empleos de emergencia en las regiones más afectadas. Estos programas crearon empleos temporales para las víctimas del supertifón, proporcionaron los tan necesarios ingresos inmediatos y un salario mínimo garantizado. Estos programas también aseguraron mejores oportunidades a largo plazo y una mayor resiliencia a las próximas tormentas.

Después del ciclón, la OIT colaboró con las comunidades locales para reconstruir “mejor y respetando el medio ambiente”, utilizando bloques de tierra comprimida (ICEB, en inglés) hechos con una mezcla de caliza, cemento y agua. Los ICEB son mejores porque la tierra caliza hace que los ladrillos sean más sólidos que el concreto; además las nuevas viviendas tienen un nivel de resistencia superior a la norma de la ONU en materia de reconstrucción después de desastres naturales. Son también más ecológicos porque no es necesario recurrir a la antigua práctica de sacar arena de las bellas playas de la isla para fabricar ladrillos y, por consiguiente, ayuda a preservar un recurso natural de valor.


Cambiar el climar: cambiar vidas
 
Una asociación de pescadores locales dirige la fábrica de ICEB. Cada miembro de la asociación recibe una pequeña suma de dinero y una formación sobre cómo invertir en la empresa. “Contrataron a sus propios carpinteros, compraron sus materiales, construyeron sus lugares de trabajo... Aquí, la situación cambió para los pescadores, los agricultores, las mujeres, los jóvenes y las personas mayores al ofrecerles la oportunidad de ser emprendedores”, declaró Alan Monreal, quien se benefició del programa.

Otros trabajadores fueron formados y remunerados por el programa para construir alojamientos provisionales, el símbolo de un nuevo comienzo para las familias que perdieron todo y, a la vez, la posibilidad de adquirir nuevas competencias profesionales. Los trabajadores recibían un salario básico, un seguro médico y la protección de la seguridad social. Algunos fueron formados en técnicas de la construcción y remunerados para reparar los edificios dañados por el tifón. Alrededor de una tercera parte de los participantes eran mujeres, una novedad para un sector tradicionalmente dominado por los hombres como el de la construcción.

La oportunidad de ganar un ingreso y de aprender nuevas competencias cambió la vida de las personas que vivían en las zonas devastadas por el tifón.

Antes de la tormenta: la OIT ayuda a las comunidades agrícolas en el sur de Filipinas

Mucho antes del ciclón, la OIT trabajaba en el sur del país para ayudar a incrementar la resiliencia socioeconómica al cambio climático de las comunidades agrícolas en la Provincia de Agusan del Norte.

Gracias a un proyecto piloto de adaptación al cambio climático (CCAP) y al proyecto Comunidades agrícolas resistentes al clima a través de mecanismos innovadores de transferencia del riesgo en Agusan del Norte, la OIT colaboró con agencias de las Naciones Unidas y con los socios locales y nacionales para establecer redes de seguridad financiera para las personas víctimas de las catástrofes climáticas y ayudó a los cultivadores de maíz y arroz a diversificar sus fuentes de ingreso y a reducir así el riesgo de exposición.

Estos proyectos formaban parte de un vasto Programa conjunto de las Naciones Unidas sobre Fortalecimiento de la capacidad institucional de Filipinas para adaptarse al cambio climático, dirigido a incorporar la reducción de los riesgos climáticos en los principales procesos de desarrollo, de planificación y de reglamentación, y de reforzar las capacidades de los principales organismos nacionales, de los gobiernos locales y de las comunidades para impulsar un desarrollo resistente al cambio climático. El programa fue exitoso ya que el cambio climático fue plenamente integrado en el Plan de Desarrollo de Filipinas e identificado como un ámbito prioritario en la elaboración del presupuesto, entre otros logros.