Bangladesh

Surgir de las ruinas del Rana Plaza

Seis meses después del colapso del edificio Rana Plaza, la OIT está ayudando a los sobrevivientes a adquirir nuevas competencias y encontrar un nuevo empleo. Tres trabajadores que sobrevivieron a la tragedia hablaron con OIT Noticias sobre su regreso al trabajo.

Reportaje | 24 de octubre de 2013
DHAKA (OIT Noticias) – El cuerpo debilitado de Minu se encontraba apilado sobre la masa de personas que habían perecido en el colapso del edificio Rana Plaza.

Demasiado débil para pedir ayuda, Minu estaba asfixiándose bajo el peso de los cadáveres. Así estuvo, sin comer ni beber, por tres días. Cuando la llevaron a la morgue que los rescatistas habían improvisado en el patio del liceo Adhur Chandra en Savar, alguien escuchó un lamento exánime y se dio cuenta de que Minu estaba viva.

“Mientras estaba allí tirada, pensaba que no tendría las fuerzas suficientes para hacer ruido y que alguien me notara. No quedaba nada dentro de mí, era sólo otro cuerpo más en la pila”, recordó Minu.

Durante cuatro años y medio, Minu Aktar trabajó para Phantom Apparels en el cuarto piso del Rana Plaza. Ella aún padece por las heridas que sufrió durante el colapso, así como por el trauma de quedarse atrapada bajo los escombros del edificio.


 

Formación profesional

Seis meses después, Minu comienza a superar el dolor con el apoyo de su familia y del Proyecto de reforma de la educación y formación técnica y profesional (EFTP) de la OIT, que funciona en colaboración con BRAC, una importante organización no gubernamental en Bangladesh.

El programa, financiado por la Unión Europea, entrena a los sobrevivientes de la tragedia para que puedan encontrar un trabajo en empresas locales.

Minu, por ejemplo, trabaja ahora en una sastrería en Savar, bajo las órdenes de un supervisor y maestro artesano provisto por la OIT/BRAC.

“Creía que nunca más volvería a trabajar, a causa de mi miedo y las heridas, pero ahora estoy aprendiendo nuevas competencias y eso me hace sentir muy bien. El corte y la confección de vestidos es interesante y tengo un buen supervisor. Además, trabajo con Khaleda, otra sobreviviente, nos ayudamos mutuamente y aprendemos juntas”, declaró Minu.

“Estar con mi familia, tener un trabajo, hace que finalmente sienta que estoy de nuevo viva”, agregó.

Una nueva trayectoria profesional

Mijanur Rahman trabajaba como técnico en Phantom Apparels en el tercer piso del Rana Plaza. Su pierna derecha quedó aplastada en el derrumbe. Al principio, él quería regresar a trabajar en una fábrica, pero no fue posible porque no puede estar de pie durante mucho tiempo ni caminar largas distancias.



Hoy en día aprende a reparar teléfonos móviles, una ocupación útil en un país donde hay más de 100 millones de usuarios de teléfonos móviles.

Mijanur quedó atrapado entre barras de acero del edificio derrumbado y pensó que no saldría nunca de allí, mucho menos que entraría otra vez en un lugar de trabajo. Ahora está muy interesado en adquirir nuevas competencias, un nuevo empleo y una nueva trayectoria profesional.

“Quería regresar a mi trabajo pero era imposible y además hay algunos oficios que no puedo realizar, así que estoy feliz porque ahora tengo una manera de ganar un ingreso. Aprendo mucho del propietario del taller. Si algún aparato tiene un problema, nosotros podemos arreglarlo”, dijo.

El programa de formación profesional se basa en un modelo de enseñanza de un oficio ya existente que fue adaptado para incluir a los sobrevivientes del Rana Plaza, explicó Srinivas Reddy, Director de la Oficina de la OIT en Dhaka:

“El Proyecto de reforma de la EFTP ha desarrollado un número de modelos dirigidos a transmitir mejor las calificaciones. En particular, este modelo se concentra en sectores de altos índices de empleo, en las zonas regionales y rurales, tales como la sastrería, mantenimiento de motocicletas y reparación de teléfonos. El modelo se ajusta bien a las necesidades de los sobrevivientes porque, en poco tiempo, ofrece a las personas las competencias de calidad útiles para entrar en un sector donde casi todos tienen garantizado un empleo”.

Cuando uno ingresa en Fashion Tailors, en Savar, es recibido por dos costureras sonrientes –Minu y Khaleda– que trabajan al lado de su supervisor y maestro artesano, Shekh Sadi. El programa de formación profesional no sólo ofrece a los sobrevivientes la oportunidad de aprender nuevas calificaciones, sino también les ayuda a enfrentar la tragedia.

En una esquina de la tienda están colgados tres vestidos de colores brillantes, rojo y anaranjado, con sus bufandas, en espera de que los vengan a recoger. Pero Shekh Sadi sabe que las muchachas para quienes los confeccionó no se los pondrán nunca. Murieron bajo los escombros del Rana Plaza.

Afligido por la pérdida de tantas vidas, al principio no sabía como ayudar. Ahora, formando a Minu y Khaleda, les enseña competencias para que hagan vestidos como esos que están colgados, y de esta manera les ofrece una nueva trayectoria profesional.