Discurso del Director General de la Organización Internacional del Trabajo con ocasión del 3er Congreso Mundial de la CSI

Declaración | 19 de mayo de 2014
Presidente – Estimado Michael,
Secretaria General – Estimada Sharan,
Presidente de la DGB – Estimado Reiner,
Delegados y observadores, estimados amigos:

Como bien comprenderán, es un gran honor y un placer para mí dirigirme a este tercer Congreso de la CSI, de modo que quisiera agradecerles esta oportunidad.

También quisiera agradecer que me hayan permitido pronunciar este discurso en mi calidad de Director General de la OIT.

Han venido a Berlín con la clara intención de fortalecer el poder de los trabajadores, hacer que los sindicatos de todo el mundo sean más grandes y más fuertes, lograr el respeto universal de los derechos de los trabajadores, y hacer que el trabajo decente y sostenible y la protección social sean accesibles para todos.

Estas metas compartidas por la CSI y la OIT nos convierten en aliados en la constante lucha por la justicia social. La tarea de generar prosperidad para todos debe inspirarse en estos valores compartidos. Libraremos esa lucha recordando lo que otros olvidan con demasiada facilidad: que la prosperidad depende enteramente del trabajo humano; que el trabajo no es una mercancía, sino que es esencial y está dotado de derechos; que los intereses de los trabajadores deben ser un eje central de las políticas, cuyo objetivo debe consistir en para satisfacer las necesidades y reconocer los derechos de los trabajadores.

Los Estatutos de la CSI de 2006, al igual que la Constitución de la OIT de 1919 y la Declaración de Filadelfia de 1944, citadas aquí, se hacen eco de estos imperativos e instan a defender los principios, inalterados a lo largo de un siglo, que han transformado el mundo del trabajo.

La OIT fue fundada cuando el mundo se recuperaba del cataclismo del primer conflicto mundial, mientras que la CSI fue creada en vísperas de la primera crisis generalizada de la economía globalizada.

Las secuelas persistentes de esa crisis que aún no ha terminado - la gran recesión - nos recuerdan que la paz duradera depende de la justicia social.

Compañeros:

La crisis ha provocado y continúa provocando un terrible sufrimiento humano, y son los trabajadores quienes deben soportar la peor parte.

En los documentos de este Congreso, se indica que:
  • el desempleo ha alcanzado un nivel sin precedentes en el mundo y continúa aumentando a un ritmo que no será posible revertir mediante la débil recuperación actual del crecimiento;
  • la participación del factor trabajo en la renta mundial continúa disminuyendo, lo que alimenta una creciente e inaceptable desigualdad que contradice nuestra noción más fundamental de la justicia social, merma nuestra capacidad de crecimiento y de creación de empleo y pone en riesgo la propia estabilidad de nuestras sociedades;
  • el sector financiero aún está alejado de sus correspondientes funciones de facilitador de la economía productiva real, y se resiste a la reglamentación necesaria para salvarlo de sus peores instintos y protegernos de las consecuencias devastadoras de sus excesos;
  • la lucha para poner fin a la pobreza en el mundo se ha postergado de manera injustificada; aún no se ha hecho frente a los desafíos que plantea el cambio climático y el mundo es un lugar cada vez más peligroso.
Vengan de donde vengan, estoy seguro de que el frío viento de los crecientes conflictos y la tensión social no les son ajenos.

En este Congreso, centrarán su atención en las más graves violaciones de los derechos de los trabajadores en el mundo, que son demasiadas, y es responsabilidad de la OIT apoyarlos a ustedes para acabar con ellas. Muchos de los aquí presentes han sido víctimas de estas violaciones. Los felicito por su valentía y su fortaleza.

Algunas de las peores situaciones ocurren dentro de las fronteras nacionales, en aquellos países que, como escuchamos ayer y una vez más esta mañana, aún no han asumido sus responsabilidades como Estados Miembros de la OIT en lo que respecta al cumplimiento de los derechos fundamentales. Otras violaciones están relacionadas con los procesos, aún incipientes, que están profundamente arraigados en la globalización: las cadenas de suministro mundiales, la migración, la trata de personas y el tipo de movilidad empresarial que favorece la evasión fiscal y evita la relación de trabajo, la negociación colectiva y la organización sindical.

Creo que debemos hacer frente a ambas dimensiones. Desde la perspectiva de la OIT, es fundamental asegurar en primer lugar la integridad, la fuerza y la autoridad de nuestro sistema de control normativo. Se trata de un punto de referencia singular y muy valioso para la justicia mundial en el trabajo, pero, como sabemos, está en crisis.

Quienes viajen de Berlín a Ginebra para participar en la reunión anual de la Conferencia Internacional del Trabajo sabrán que lo que está en juego en la actual controversia con respecto al derecho de huelga es de gran importancia y debemos hallar soluciones que no comprometan algo que tiene un significado histórico fundamental para el movimiento sindical.

Al mismo tiempo, la tragedia del Rana Plaza que tuvo lugar hace poco más de un año ha cambiado las reglas de juego en las políticas relativas a la gestión de las cadenas de suministro. Por ello, estamos muy agradecidos a los sindicatos mundiales que han adoptado una medida innovadora mediante el Acuerdo sobre protección contra incendios y seguridad de los edificios; no podemos olvidar que debemos este acuerdo a las 1 100 víctimas del Rana Plaza. Ya no podemos tolerar la existencia de cadenas de suministro mundiales que producen mercancías baratas y grandes ganancias a costa de condiciones de trabajo tremendamente precarias. Podemos cambiarlas y debemos hacerlo.

En el mismo sentido, la única respuesta posible a las 300 víctimas del desastre que asoló la semana pasada la mina de Soma, en Turquía, es actuar de inmediato y con determinación, y eso es precisamente lo que está haciendo la OIT. Como se ha dicho en otros foros, sus muertes nada tuvieron que ver con el destino, no fueron daños colaterales inevitables de una industria peligrosa. Fueron el resultado de la negligencia y del error y de la idea atroz de que la vida humana se debe poner en la misma balanza que la eficiencia y la competitividad.

A pesar de la dimensión de los desafíos que enfrentamos juntos, no debemos desanimarnos. No deberíamos cometer el error de ignorar los avances que se han logrado ni las victorias que se han conquistado porque, como Sharan nos recordó en su discurso, también son muy importantes. En el momento en que la CSI hace un llamamiento a los trabajadores para que se sumen a la lucha, no olviden que, en general, la gente prefiere estar del lado de los ganadores. Eso significa sumarse a un movimiento que demuestra su capacidad de defender sus intereses y de lograr un cambio real para mejor.

Compañeros:

El movimiento sindical mundial ha hecho de la CSI el mayor movimiento democrático del mundo. Sin embargo, depende de las personas y de las organizaciones aquí presentes que ese extraordinario potencial pueda utilizarse eficazmente para cumplir los importantes retos que tenemos por delante.

El internacionalismo es un reflejo natural del sindicalismo. Sobre eso no me caben dudas. Sin embargo, también sé que el internacionalismo no funciona ni funcionará automáticamente. Requiere liderazgo. Requiere organización. Requiere innovación, como se ha puesto de relieve en este Congreso. Requiere que las diversas tradiciones, culturas y prácticas del sindicalismo en todo el mundo se unan con un fin común y con respeto mutuo. El internacionalismo solamente podrá prosperar con el compromiso de todos nosotros. Debe estar profundamente arraigado en la vida de los afiliados de la CSI y ser cercano y receptivo a sus miembros.

Si se cumplen estas condiciones, y reconociendo que la unión hace la fuerza, la CSI puede convertirse realmente en la mayor fuerza del mundo. Y para ello no hay arma más poderosa que la unidad y los principios.

Por su parte, la OIT afronta la misma tarea de promover sus metas en circunstancias de cambio sin precedentes, con un clima político a menudo inhóspito. Debido a que fui electo gracias a los votos de sus representantes, los esfuerzos de nuestra Organización se han centrado en hacer todo lo posible para promover la justicia en el trabajo.

Fortalecer el poder de la OIT ha significado mejorar nuestro trabajo técnico y analítico, centrarnos en las principales prioridades, defender los empleos y el crecimiento en el G20 y aprovechar nuestras alianzas con otras organizaciones internacionales para que comprendan mejor por qué la organización y la negociación colectiva son positivas para la equidad y el buen funcionamiento de nuestras economías. En consecuencia, nos hemos preocupado por garantizar que el trabajo decente y la protección social sean incluidos en las metas explícitas de la agenda de desarrollo de las Naciones Unidas después de 2015, y necesitamos su ayuda para lograrlo.

Del mismo modo, defendemos el diálogo social, la comunicación entre las partes - esa es la forma en que la OIT realiza su labor- y hemos intentado restablecer o reanudar ese diálogo en los lugares donde ha sido víctima de los imperativos de la austeridad.

La OIT se aproxima a su centenario - que celebraremos justo un año después del próximo Congreso de la CSI -con el compromiso de llevar a cabo las siguientes iniciativas:
  • redinamizar su compromiso con la igualdad de las mujeres en el trabajo
  • hacer del trabajo decente un principio rector del enfoque hacia una economía verde sostenible
  • desempeñar plenamente nuestro papel en la iniciativa mundial para poner fin a la pobreza extrema de aquí a 2030
  • y, por último, pero no menos importante, pner en marcha una iniciativa sobre el futuro del trabajo con motivo del centenario de la OIT, que estoy seguro de que servirá para restablecer las prioridades políticas y los valores que hoy corren grave peligro de extinción.
Compañeros:

Para parafrasear a Willy Brandt, que fue citado ayer, desde el punto de vista de la OIT, la CSI quizá no lo sea todo, pero sin ella poco puede hacerse.

Aquí, en la ciudad de Berlín, antaño separada y ahora unida, se reúnen las fuerzas del sindicalismo democrático mundial, antes separadas y ahora unidas. Muchas cosas dependen de sus deliberaciones, de sus decisiones y de las medidas que se tomen para aplicarlas. Las diferentes corrientes que convergieron en Viena hace ocho años y que llegaron a Vancouver y ahora a Berlín pueden llevarlos más lejos, y lo harán, con mayor fuerza, con voluntad inquebrantable, con la solidaridad en la que se fundó la CSI.

Harán cambios. Uno de sus líderes, oriundo de esta ciudad, Michael Sommer, acaba de dejar sus funciones nacionales e internacionales. Tuve la oportunidad de rendirle un homenaje personal la semana pasada con ocasión del Congreso de la DGB desde este mismo estrado, y reitero ante ustedes mi admiración, respeto y amistad por este gran internacionalista del movimiento sindical.

No me cabe duda de que lograrán reforzar el poder de los trabajadores. Estarán a la altura del reto de sindicar a 20 millones de trabajadores más en los próximos cuatro años. Y deben conseguirlo, porque los ecos de la historia nos recuerdan todo lo que está en juego.

Esta ciudad fue una de las capitales europeas en las que se declaró la Primera Guerra Mundial hace exactamente 100 años. La solidaridad internacional de los trabajadores se quebró mediante las sirenas del nacionalismo y de la agresión. En palabras de un líder político de mi país de aquel entonces, las luces se apagaron en todo el continente y no se volverían a encender durante toda la vida de quienes fueron testigos de ello.

Hoy en día, el peligro es que las luces se apaguen durante toda una generación de jóvenes trabajadores, excluidos del trabajo decente y marginados de la sociedad. Para ellos, las luces de la esperanza deben volver a encenderse. Depende de todos ustedes y de la CSI actuar sobre la base de las lecciones aprendidas de la historia, a las que otros prefieren hacer oídos sordos, indicar el camino a seguir allí donde es extremadamente necesario y defender la justicia social.

Compañeros, probablemente harán algunos enemigos en el camino, pero es posible que logren forjar un mundo mejor y un futuro más justo para las próximas generaciones.

Buena suerte.