Aun cuando la integración formal del género es un requisito reciente en la producción de estadísticas del trabajo, de hecho ha estado ampliamente presente en esta actividad, esencialmente por dos motivos.
El primero se refiere a que, en las estadísticas sociales, la distinción entre hombres y mujeres es el medio más eficaz para minimizar la variabilidad dentro de los grupos y maximizar al mismo tiempo la variabilidad entre grupos; eso explica que, en general, las estadísticas sociales siempre se hayan desglosado por sexo. Así, las estadísticas nacionales suelen producirse y difundirse desglosadas por sexo cuando tal desglose es pertinente.
El segundo motivo guarda relación con el principio estadístico de la integralidad. Para que las estadísticas del trabajo sean útiles, tienen que proporcionar una descripción exacta y completa del mercado laboral. Esto requiere: disponer de definiciones y clasificaciones que, consideradas en conjunto, permitan dar cuenta fielmente de las distintas situaciones laborales en que se encuentran todos los participantes en el mercado laboral; utilizar en las mediciones unas metodologías idóneas para asegurar que estas situaciones laborales específicas se identifiquen de forma clara y congruente; y adoptar prácticas de divulgación que permitan presentar los datos de tal manera que se destaquen claramente las diferencias y semejanzas, y las causas que determinan unas y otras.
En todo caso, aún queda mucho por hacer. Hoy en día, las estadísticas del trabajo corrientes tienden a ser incompletas. En efecto, son por lo general insuficientes cuando se trata de identificar y describir las formas de empleo “atípicas”, es decir, aquéllas que tienen carácter ocasional, a tiempo parcial e informal, que no se declaran a la administración tributaria, no se remuneran y se llevan a cabo en el hogar o su entorno, y que suelen intercambiarse con las actividades domésticas. En tales situaciones laborales “atípicas” hay una proporción predominante de mujeres, lo que explica que su situación laboral sea con frecuencia subestimada e insuficientemente descrita con respecto a la de los hombres. Además, la forma de presentación de las estadísticas del trabajo no siempre es útil para mostrar las diferencias o semejanzas entre los hombres y las mujeres que trabajan. No obstante, la integración sistemática del género en la producción y presentación de estadísticas del trabajo se está convirtiendo afortunadamente en un principio central de las actividades de muchas instituciones estadísticas nacionales, por lo que cabe esperar que se produzca un aumento de la calidad general de las estadísticas del trabajo.
En el contexto de la OIT, todas las estadísticas recopiladas y divulgadas por la Oficina de Estadística se desglosan al menos por sexo, cuando ello es pertinente y cuando se dispone de los datos indispensables. Asimismo, la Oficina de Estadística creó en 1993 una base de datos dedicada a la medición y análisis de las diferencias ocupacionales entre los hombres y las mujeres en todo el mundo. La base SEGREGAT contiene, pues, estadísticas sobre el empleo desglosadas por sexo y por grupos ocupacionales detallados. Esta base de datos, que fue actualizada en 2002, abarca hoy 85 países, tanto desarrollados como en desarrollo. En 1998, Richard Anker llevó a cabo un análisis exhaustivo basado en estas estadísticas (webreference). La base de datos se ha utilizado también para sistematizar la información básica relativa a las mujeres y los hombres que ocupan puestos de dirección (véase Linda Wirth, 2001 (webreference)), y examinar los obstáculos con que tropiezan las mujeres que aspiran a ocupar cargos de responsabilidad. Por añadidura, la base de datos se ha aprovechado en muchas otras aplicaciones; la gran cantidad y diversidad de solicitudes de utilización, tanto internas como externas, que se siguen recibiendo permiten concluir que SEGREGAT ha alcanzado un valor práctico muy superior al que se había previsto inicialmente.
