Crisis en la asistencia sanitaria en Europa Oriental

Qué Comunicado de prensa
Fecha de la publicación 10 de diciembre de 2001
Referencia OIT/01/53
Unidad responsable Comunicación e Información al Público
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Crisis en la asistencia sanitaria en Europa Oriental

Lunes 10 de diciembre de 2001
( OIT/01/53 )

GINEBRA (Noticias de la OIT) - La penosa situación económica que se vive en la Europa Oriental está teniendo una grave incidencia sobre los servicios sanitarios gestionados por los estados, y originando una grave «crisis asistencial» para una población empobrecida y cada vez más vulnerable a las enfermedades crónicas, al recrudecimiento de la epidemia del VIH/SIDA y a otras enfermedades, y reduciendo en definitiva su esperanza de vida.

Según una nueva encuesta realizada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Internacional de Servicios Públicos (PSI) * , la situación económica y social en varios países de Europa Oriental ha determinado casi el colapso de algunos sistemas de asistencia sanitaria y ha castigado a los trabajadores del sector sanitario con un fuerte estrés, deficientes condiciones laborales y salarios que, si se les abonan y cuando se les abonan, están al nivel del salario mínimo o por debajo de él.

«El rápido aumento de la incidencia de las enfermedades de transmisión sexual, del VIH/SIDA, de la tuberculosis y de numerosas enfermedades crónicas ha creado una crisis asistencial de proporciones espectaculares por la disminución de las estructuras sanitarias públicas, la falta de formación de los profesionales sanitarios y el deterioro general de la preparación de la mano de obra», afirma Guy Standing, Director del Programa de Seguridad Socioeconómica de la OIT y coordinador de estos estudios. «Todo esto ha contribuido, sin duda, a la catastrófica caída de las tasas de esperanza de vida en Rusia, Ucrania y varios países más de la región.»

Las Encuestas sobre Seguridad Popular (PSS) de la OIT registraron que el porcentaje de familias que no podían permitirse una asistencia sanitaria básica ascendía al 88 por ciento en Ucrania y al 82 por ciento en Hungría. Simultáneamente, el 78 por ciento de los trabajadores sanitarios entrevistados en Ucrania daban cuenta de que sus salarios se hallaban por debajo del salario medio del conjunto de los trabajadores. En la República de Moldova, el país más pobre de Europa, los servicios de salud públicos están al borde del colapso y los trabajadores que los atienden perciben sus salarios con meses de retraso, si es que llegan a percibirlos. En la República Checa y en Lituania, la mayoría de los trabajadores sanitarios afirman que sus condiciones laborales y salariales han empeorado en los últimos cinco años. Y en la relativamente próspera Polonia, en los últimos tres años han cerrado sus puertas el cinco por ciento de los hospitales.

La crisis está provocada por el recorte de financiación pública de la sanidad efectuado por los gobiernos y por la descentralización de las responsabilidades de esa financiación, que han dejado a muchas autoridades locales sin recursos ni capacidad administrativa para afrontar nuevas obligaciones. La falta de fondos públicos ha llevado a los médicos y a otros profesionales en contacto directo con los pacientes a pedir o esperar pagos ilegales por sus servicios. En Rusia, por ejemplo, se calcula que estos pagos «bajo mano» suponen un 40 por ciento del gasto sanitario de las personas que buscan asistencia médica.

Entre otros factores que están degradando la sanidad pública se cuentan ciertas prácticas como la extensión de la «excedencia administrativa» asumida por elevados porcentajes de trabajadores sanitarios de países como Kirguistán, Armenia y la República de Moldova, que no acuden a trabajar porque los hospitales y clínicas carecen de fondos para retribuirlos. En unos países se han generalizado más los recortes forzosos en las jornadas de trabajo, mientras que otros experimentan un creciente fenómeno de presencia a toda costa de los trabajadores en sus puestos, incluso cuando están enfermos, ya sea por temor a perder sus empleos, ya sea porque los pagos directos de sus pacientes constituyen una importante de sus ingresos.

Los trabajadores sanitarios se enfrentan a un temor cada vez más extendido por la creciente inseguridad en su empleo, puesto que desconocen cuáles serán los planes de los gobiernos para reestructurar sector sanitario y en qué medida los afectarán. Algunos han aceptado contratos de duración limitada sin garantías para el futuro, y los contratos temporales están adquiriendo un papel particularmente importante en países como Polonia, Letonia y Kirguistán.

Entre tanto, los honorarios de los médicos han tendido a elevarse con relación a los de los demás grupos de profesionales de la asistencia sanitaria en países como Belarús, Croacia y la República Checa. En muchos países, sus ingresos de fuentes secundarias ascienden a más de una tercera parte de sus ingresos totales, y en Polonia llegan incluso a rebasar el 50 por ciento de sus ingresos totales.

La escasa remuneración y la inseguridad en su empleo han provocado un aumento del estrés laboral entre estos profesionales sanitarios, aunque las autoridades no lo perciben como un problema serio y se ha hecho muy poco para proporcionar ayuda a los que lo padecen.

La encuesta ha revelado que los resultados conseguidos por las conversaciones y negociaciones colectivas han sido muy dispares, en cuento a utilidad, en los países de la región. En Croacia, los sindicatos informaran de que los procedimientos de consulta y negociación acordados no garantizan su participación como voz. Este hecho ha motivado la presentación de una queja formal. En Lituania, las organizaciones de trabajadores de la sanidad informan que las consultas con los interlocutores a nivel nacional sólo han sido útiles en un 6 por ciento de las ocasiones.

La situación económica global en determinados países de Europa Central y Oriental los sitúa a la par con muchos países en desarrollo. Dos de cada cinco rumanos, por ejemplo, viven con menos de 30 dólares mensuales, cifra inferior a la del Perú, en donde el mínimo mensual alcanza los 40 dólares. La incidencia de la tuberculosis, con 65 casos por cada 100.000 habitantes, es equivalente a la que se da en el África subsahariana.

Las cifras de afiliación sindical en el sector sanitario han disminuido mucho en la región. En  Lituania, por ejemplo, la afiliación sindical en ese sector ha caído de un 100 por ciento en 1990 al 20 por ciento en 2001. En Polonia se ha reducido a la mitad, para situarse en torno al 20 por ciento. Y en la República Checa se ha pasado del 93 por ciento en 1990 a muy poco más del 32 por ciento hoy. Una tendencia semejante se da en la mayoría de los países de la región.

Sin embargo, los trabajadores del sector sanitario en Rumania manifiestan su solidaridad con su sindicato, al que sienten defensor de sus derechos. Los sindicatos están obviamente preocupados por su capacidad para negociar y presionar eficazmente en defensa de sus miembros. La privatización les ofrecen pocas razones para el optimismo, puesto que en toda la región aumenta la resistencia a los sindicatos en el sector privado, tal como se puso de manifiesto en la Conferencia de la OIT, uno de cuyos propósitos fue estudiar cómo los sindicatos podían responder a este reto.

* El Programa de Seguridad Socioeconómica de la OIT organizó dos encuestas: una para los trabajadores sanitarios en cuatro países (República Checa, Lituania, Rumania y Ucrania) y otro entre los sindicatos representantes de los trabajadores de la sanidad en todos los países de la Europa Central y Oriental. Los resultados fueron presentados en una Conferencia de la OIT de sindicalistas y especialistas, que se celebró en Ginebra del 6 al 7 de diciembre, y a la que asistieron representantes de la mayoría de los países de Europa Central y Oriental.

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