GINEBRA (Noticias de la OIT) - El trabajo forzoso, la esclavitud y el tráfico criminal de seres humanos - en especial mujeres y niños - están creciendo en el mundo y adoptando nuevas e insidiosas formas, según un nuevo estudio * realizado por la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) y hecho público hoy en Ginebra.
El estudio, titulado Alto al Trabajo Forzoso , se elaboró como parte del seguimiento de la Declaración de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre los Principios y Derechos Fundamentales en el Trabajo , y será discutido por los 175 Estados Miembros de la OIT en la 89ª Sesión de la Conferencia Internacional del Trabajo.
«El crecimiento del trabajo forzoso en el mundo es profundamente inquietante», declaró el Director General de la OIT, Juan Somavia. «El cuadro que resulta muestra que la esclavitud, la opresión y la explotación de los miembros más vulnerables de la sociedad - especialmente las mujeres y los niños - no son en absoluto cosas del pasado.»
«A la luz de estas comprobaciones» - siguió diciendo Somavia - «el mundo entero tiene que hacer un examen de conciencia y promover la acción para abolir el trabajo forzoso y las a menudo terribles condiciones de vida y de trabajo que acompañan su desarrollo. No cabe excusa para el trabajo forzoso en el siglo XXI.»
Según el informe, aunque prácticas tan antiguas y bárbaras como la esclavitud y la servidumbre feudal se diría que están declinando bajo el impacto de la legislación nacional e internacional y la acción de los gobiernos, todavía persisten. Y el fenómeno del tráfico de seres humanos para destinarlos a un trabajo forzoso u obligatorio está aumentando con tal rapidez que la mayoría de los países del mundo encajan en alguna de estas tres categorías: «países emisores, países de tránsito y países receptores» de ese tráfico.
«Los principales destinos pueden ser los núcleos urbanos de los países más ricos - Amsterdam, Bruselas, Londres, Nueva York, Roma, Sydney, Tokyo - y las capitales de los países en desarrollo y transición», dice el informe. Pero el movimiento del tráfico de personas es muy complejo y variado. Países tan diferentes como Albania, Hungría, Nigeria y Tailandia pueden actuar a la vez como puntos de origen, de destino y de tránsito.
El informe observa que, aunque cada vez más rara en el mundo moderno, la esclavitud propiamente dicha se da aún en un puñado de países y que no es algo fuera de lo común el secuestro en masa de individuos y de comunidades en sociedades desgarradas por la guerra, como Liberia, Mauritania, Sierra Leone y Sudán. El reclutamiento forzoso de niños para el conflicto armado, considerado como una de las peores formas de trabajo infantil, está también en auge.
A muchos trabajadores que son presa de prácticas de reclutamiento coercitivas en zonas rurales, especialmente para trabajar en plantaciones agrícolas o en el servicio doméstico, les aguardan condiciones similares a la esclavitud y a la servidumbre por deudas. Poblaciones indígenas tan diversas como los pigmeos y los bantúes en África y los aimaraes y los Exnet en Latinoamérica son especialmente vulnerables a estas formas de trabajo forzoso, denuncia el informe. Menciona asimismo el caso del trabajo forzoso en Myanmar, que ha provocado una reacción excepcional por parte de la comunidad internacional. Pero detalla también los éxitos obtenidos por los esfuerzos para combatir la servidumbre laboral en India, Nepal y Pakistán.
El informe advierte que la pobreza, el desempleo, los conflictos civiles, la represión política y la discriminación por motivos raciales o de género contribuyen a crear un ambiente propicio a la explotación de las personas vulnerables por parte de los traficantes. Europa, en particular, «ha presenciado un aumento explosivo de ese tráfico desde la ruptura de la antigua Unión Soviética», y en Europa y en Norteamérica se han encontrado actividades de explotación laboral en gran escala de inmigrantes clandestinos.
El trabajo forzoso es cada vez más difícil de detectar, montado como está a menudo en torno a bandas criminales organizadas de ámbito internacional, que encuentran menos arriesgado traficar con seres humanos que hacerlo con drogas. Gran parte del trabajo forzoso implica actividades subterráneas o ilegales y, por otra parte, ocultas a la vista del público. El aumento del trabajo no regulado en la industria y la agricultura, y el del sector urbano no estructurado, son factores que contribuyen a que las fuerzas económicas y sociales se alimenten de muchos inmigrantes en condiciones de explotación.
En las regiones limítrofes del Sudeste de Asia, «la coerción, el engaño y la venta de menores son el resultado inmediato de su reclutamiento directo en los pueblos», según el informe, y abastecen gran parte de la actividad del sector del sexo. En los Balcanes y Europa Oriental - en especial en países como Moldavia, Rumania y Ucrania - el tráfico de mujeres ha cobrado un gran auge, en el que Bosnia y Herzegovina y la región de Kosovo emergen como importantes puntos de destino en el camino hacia Europa. En Israel, «ha habido una afluencia de mujeres introducidas por muchas redes criminales.» Se piensa que los Estados Unidos son anualmente el destino de 50.000 mujeres y niños objeto de este tráfico, que nutren gran parte de la demanda del sector del sexo, así como del servicio doméstico y del trabajo de limpieza (en oficinas, hoteles, etc.): sus principales puntos de entrada son los estados de Nueva York y California.
Si bien hay un consenso universal acerca de la definición de trabajo forzoso (en esencia, un trabajo realizado de forma obligada y sujeto a penalización), algunas de las formas que adopta son todavía fuentes de debate político. Entre las cuestiones más controvertidas están las que se refieren a la participación obligatoria de los ciudadanos en las tareas públicas en el contexto del desarrollo económico: una práctica que prevalece en cierto número de países asiáticos (Vietnam, entre ellos) y africanos (República Centroafricana, Sierra Leone y Tanzanía).
Otra cuestión controvertida es el uso del trabajo de los presos, en países como China, donde la rehabilitación a través del trabajo forma parte del castigo, o allí donde se permite alquilar a entidades privadas el trabajo de los presos, como ocurre en Malaisia, Estados Unidos y Madagascar, por ejemplo.
A pesar de los diferentes aspectos y escalas del problema del trabajo forzoso, el informe destaca un buen número de éxitos del dispositivo de supervisión internacional y de los programas coordinados de la OIT que están sacando a la luz los problemas y ayudando a resolverlos. Algunos países, por ejemplo, han adoptado un enfoque interministerial - implicando a los responsables de justicia, aduanas, seguridad social y trabajo - para perseguir las operaciones clandestinas que se basan en el trabajo de personas objeto de tráfico.
Un primer paso esencial, según el informe, para eliminar el trabajo forzoso es el de asistir a los gobiernos para identificar la naturaleza y las dimensiones del problema dentro y más allá de sus límites nacionales. La compleja mezcla de condiciones sociales y económicas que permiten el desarrollo del trabajo forzoso entraña un esfuerzo demasiado grande para que un país pueda afrontarlo por sí solo.
La complejidad del fenómeno requiere una combinación de medidas contra la pobreza y de regulación de los mercados. La persistencia de problemas de trabajo forzoso pudiera estar ligada a la necesidad de reformar las instituciones agrarias en aspectos como la consecución de una agricultura sostenible, de productividad y de preocupación por los derechos humanos. El tráfico de seres humanos, aparte de presentar estas dimensiones con respecto al trabajo forzoso, debe ser abordado desde otras perspectivas. Y así, mientras la OIT está promoviendo proyectos pioneros que implican microfinanciación, rehabilitación y recalificación de trabajadores para sacarlos de situaciones de trabajo forzoso, y amplía sus conocimientos de base sobre el tráfico de trabajadores y los medios de prevención para quienes corren el riesgo de verse implicados en él, lo que se les plantea a la OIT y a sus interlocutores es un reto a escala mundial. Para responder a este reto, como se desprenderá de la discusión de este informe por la Conferencia Internacional del Trabajo, la OIT tiene que comprometerse a colaborar estrechamente con los gobiernos, los empleadores y los trabajadores de cada país, y asimismo con la comunidad internacional en desarrollo.
El informe destaca el Programa Internacional de la OIT para la Eliminación del Trabajo Infantil (IPEC) , que ha venido colaborando con los gobiernos, los sindicatos, las organizaciones de empleadores y las ONG para afrontar los problemas del trabajo infantil y del tráfico de niños. Los programas que implican a la mujer a través de la educación, la formación, el crédito y otros instrumentos de potenciación han demostrado ser cruciales en una estrategia eficaz para combatir el tráfico de niños.
El informe examina asimismo el importante papel desempeñado por los órganos sancionadores de la legislación y las organizaciones de las Naciones Unidas que han sumado sus fuerzas para coordinar los esfuerzos y abordar el problema desde múltiples frentes (tales como el Programa Mundial contra el Tráfico de Seres Humanos). Paralelamente, las organizaciones de los trabajadores y de los empleadores, así como algunas corporaciones individuales, han dado también pasos concretos, como el de sumarse al Pacto Mundial, el acuerdo de colaboración empresarial del sistema de las Naciones Unidas, que incluye entre sus principios el de la liberación del trabajo forzoso.
El informe de la OIT concluye instando a los gobiernos y a los interlocutores sociales de todos los países a «profundizar en el estudio y a redoblar esfuerzos para eliminar en todas sus formas esta terrible plaga contra la libertad humana.»
* Alto al Trabajo Forzoso, Informe global con arreglo al seguimiento de la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo, Conferencia internacional del Trabajo, 89. a reunión 2001. Oficina internacional del Trabajo, Ginebra. ISBN: 92-2-311948-0. Precio: 20 francos suizos.