GINEBRA (Noticias de la OIT) - El Sr. Juan Somavia instó a la 88.ª Conferencia Internacional del Trabajo a reforzar la protección de la maternidad para las trabajadoras y se sirvió de su alocución en sesión plenaria a los delegados para hacer hincapié en la necesidad de que la revisión de las normas sobre protección de la maternidad de la OIT llegue a buen puerto. Afirmó que esta cuestión constituía un ejemplo perfecto de que la igualdad de los sexos estaba en el seno del trabajo decente.
A fin de profundizar en este debate, la persona, la mujer en este caso, que quiera poder dar a luz a su hijo y criarlo después del parto debe poder hacerlo sin tener miedo a perder su trabajo, sus ingresos o su carrera.
Afirmó que, en esa situación, no se puede dar una respuesta a las mujeres desde el punto de vista del mercado o de las empresas sino que se trata de una decisión de la sociedad. Se trata de la estabilidad y de los valores familiares así como del modo en que se reparten las responsabilidades y los costos.
Señaló que la revisión del Convenio ha suscitado preocupaciones legítimas de que el resultado final más que una modernización sea una reducción de las normas creadas hace medio siglo, normas que muchos países llevaron más allá.
Insistió en que no puede haber vuelta atrás y espera sinceramente que los instrumentos adoptados sean tan fuertes como necesarios para ofrecer una protección efectiva de la maternidad en la realidad de las sociedades actuales ya que se trata de un componente clave del trabajo decente.
Al hacer referencia a un mayor sentido del propósito y a un mayor potencial para la acción efectiva, el Sr. Juan Somavia, invitó a los delegados a garantizar que la OIT esté al frente de la creación de una coalición mundial para el trabajo decente.
Afirmó que era necesario contar con una estructura tripartita reforzada, que incluyera gobiernos, trabajadores y empleadores, pero que también era necesario crear nuevas empresas, nuevas cooperativas, nuevas iniciativas, nuevos acuerdos internacionales y nuevas redes mundiales que respondieran a las innombrables necesidades humanas no sólo para optimizar los beneficios sino también las repercusiones sociales.
Dijo que el concepto de trabajo decente expresa la meta general de la OIT en términos ordinarios, en el lenguaje cotidiano y que corresponde a las expectativas razonables de los trabajadores en la economía global que lo que la gente pide es un trabajo en el que puedan educar a sus hijos, construir una vida familiar estable y una seguridad, que incluya una pensión.
Afirmó que el trabajo decente es una meta ambiciosa pero la gente tiene derecho a ser ambiciosa respecto de sí mismos y de sus familias. Habida cuenta de la diversidad de circunstancias y aspiraciones, el trabajo decente no puede adoptar la misma forma para todos.
El Director General de la OIT insistió en que, por el contrario, se trata de una forma de abordar de forma coherente y dinámica las distintas aspiraciones y metas de los distintos individuos, las distintas culturas y las distintas sociedades.
El problema es cómo hacer que sea realidad. Entendemos que las posibilidades de crear trabajo decente implican un progreso social y económico y las metas pueden y deberían ser cada vez más ambiciosas.
El enfoque actual no funciona debido al crecimiento mundial del trabajo cada vez más precario y no estructurado. Al discrepar con el descenso de los salarios y de las condiciones de trabajo por causa del sector no estructurado, el Sr. Somavia insistió en que creía que las grandes aspiraciones de la gente se tenían que basar desde el principio en su trabajo porque si no acabarían en trabajo infantil, discriminación, puestos muy peligrosos, prácticas intolerables de todo tipo y explotación abierta.
En un esfuerzo por luchar contra estos males, la visión del trabajo decente es la brújula que nos tiene que guiar a todos. Sabemos que conseguir un trabajo decente para todos llevará tiempo y es necesario que toda la sociedad sea responsable de ello.
Afirmó que el próximo gran desafío del programa para el trabajo decente es lograr que sea operativo a escala nacional mediante la creación del cimiento social establecido por la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo . Asimismo, como desafío a los delegados para promulgar la Declaración, sugirió si no podría colocarse el mensaje de la Declaración en todos los puestos de trabajo del mundo.
Con respecto al Convenio núm. 182 sobre las peores formas de trabajo infantil , adoptado por la CIT el año pasado, el Sr. Somavia llamó la atención a la intensiva campaña de la Oficina que se ha traducido en un número de ratificaciones sin precedentes de este Convenio clave. Afirmó que se esperaba que más de 30 países ratificaran dicho instrumento antes del final de esta Conferencia y que, posteriormente, habría nuevas ratificaciones.
Declaró que la eliminación de las peores formas de trabajo infantil constituía una obligación moral y dijo que el próximo paso consistía en trabajar con los países que quieran crear un programa limitado en el tiempo para eliminar las peores formas de trabajo infantil y pidió toda la cooperación de la OIT para con todos los países que quisieran adoptar dicho compromiso.
En cuanto a la mundialización, el Sr. Somavia afirmó que la dura realidad es que los beneficios de la mundialización no llegan al suficiente número de personas y que nos consta que la economía mundial no está creando suficientes puestos de trabajo, y sobre todo niveles de vida sostenibles que puedan satisfacer las aspiraciones de la gente a una vida decente.
Afirmó que, a menos que acatemos de raíz el creciente desencanto con la actual forma de mundialización, esta reacción violenta continuará, de forma visible y en voz alta en las calles y en silencio en los hogares.
Al insistir que la revolución de la información y la comunicación, que está impulsando que la mundialización de la producción probablemente es irreversible, el Sr. Somavia hizo hincapié en que no hay nada inevitable en las políticas que lleva aparejadas la mundialización, a saber, macroeconomía, políticas financieras, comerciales, sociales y de desarrollo.
Afirmó que el criterio de éxito de la economía mundial no es solamente el crecimiento o los beneficios financieros, sino si realmente se responde a las necesidades de la gente.
Afirmó que la OIT y el sistema multilateral eran más que nunca responsables de hacer frente a los aspectos sociales de la mundialización.
Insistió en que se necesitan políticas sociales más sensitivas pero también un enfoque más integrado del sistema multilateral, cuyas organizaciones tienen que dejar de actuar como actores independientes y empezar a desempeñar un papel de equipo con miras a alcanzar los mismos objetivos.
En un llamamiento a las delegaciones reunidas, procedentes de la mayor parte de los 175 Estados Miembros de la OIT, el Sr. Somavia les invitó a que siguieran investigando para encontrar soluciones verdaderas que correspondieran a nuestros valores y que fueran pertinentes al mundo moderno y a los intereses comunes de nuestros mandantes.
Al dar prioridad a la labor del trabajo decente a nivel estatal, dijo a los delegados que comprometía a la OIT a trabajar con esos países en un esfuerzo concertado y necesario para que el trabajo decente saliera de las oficinas de Ginebra y se hiciera realidad en los campos, las empresas y las oficinas de sus países.