El progreso social en América Latina y el Caribe corre el riesgo de estancarse, a pesar de las reformas aplicadas desde hace una década

Qué Comunicado de prensa
Fecha de la publicación 23 de agosto de 1999
Referencia OIT/99/26
Unidad responsable Comunicación e Información al Público
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LIMA (Noticias de la OIT) - El desempleo en América Latina y el Caribe aumenta rápidamente y se estima que el presente año afectará hasta un 9,5% de la fuerza laboral regular de la región. Este porcentaje sobrepasa las máximas tasas de desempleo alcanzadas durante la crisis de la deuda externa en los años ochenta, a pesar de una década de reformas económicas y de modernización, afirma la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) en un nuevo informe sobre los mercados de trabajo en América Latina y el Caribe.

El informe Trabajo decente y protección para todos: Prioridad de las Américas * del Director General, Sr. Juan Somavia, afirma que las reformas y la modernización lograron disminuir la inflación desenfrenada y produjeron una vuelta del crecimiento y la inversión en gran parte de la región. Sin embargo, las tasas de desempleo de las economías de América Latina y el Caribe aumentaron en forma constante en los años noventa, y hubo un incremento de la inseguridad laboral cuando el sector moderno de la economía prácticamente dejó de generar empleo. En resumen, indica el informe de la OIT, "el crecimiento económico y la estabilidad de los precios no se han traducido en una mejora significativa en la situación del empleo y de los salarios".

El informe hace notar que "el panorama de 1999 no se presenta alentador" y pronostica una tasa de crecimiento negativo en la región de -0,4% para el presente año. "El menor dinamismo de la economía mundial dificultará aún más el desarrollo de la región".

El informe de la OIT, que entrega una extensa descripción del mercado de trabajo y de la economía de América Latina en esta década, fue preparado para la Decimocuarta reunión regional de los estados miembros de la OIT en las Américas , que se realizará en Lima, Perú, del 24 al 27 de agosto de 1999, y a la que asistirán delegados de 35 países.

Durante la última década, el crecimiento del empleo en los sectores modernos y organizados se estancó, en general. En cambio, hasta 85% de todos los nuevos empleos se crearon en el sector informal, y en particular en las microempresas, el sector agropecuario y los servicios en pequeña escala, donde los salarios, la productividad y los niveles de protección social son, por lo general, mucho más bajos que en el sector formal de la economía. Específicamente, aumentaron el empleo temporal y el empleo a tiempo parcial.

Según el informe, "en 1998, casi todos los nuevos empleos se crearon en el sector informal, que tuvo un aumento de 4,6% anual. Desafortunadamente, los trabajadores de este sector casi nunca están protegidos por las leyes y por lo general tampoco pueden afiliarse a sindicatos reconocidos que protejan sus intereses".

Las mujeres y los jóvenes han sido especialmente muy afectados por estas tendencias. Por lo general, las tasas de desempleo juvenil son el doble de las del promedio nacional y las de los trabajadores de entre 15 y 19 años de edad, el triple. Las tasas de desempleo femenino son entre 10 a 60% más elevadas que las de desempleo masculino.

Por ejemplo, según datos de 1998, en Venezuela había 9,7% de hombres desempleados contra 14,1% de mujeres; en Panamá, 12,4% de hombres contra 20,1% de mujeres; en Colombia, 12,8% de hombres contra 19,5% de mujeres; y en Perú, 5,5% de hombres contra 11,2% de mujeres.

Aunque los niveles de pobreza general se mantuvieron constantes o disminuyeron en la mayoría de los países, gracias a una inflación más baja y a un mayor crecimiento de la producción, las familias pobres siguen sufriendo de manera desproporcionada de la falta de oportunidades para obtener ingresos y del creciente deterioro de la calidad del empleo.

El informe expresa una "creciente preocupación" ante las proporciones del trabajo infantil, que afecta aproximadamente al 15-19% de los niños de la región cuya edad se sitúa entre 10 y 14 años, y ante el peligro de que, si no se le pone fin, este fenómeno contribuya a "perpetuar la indigencia".

El Director General de la OIT dijo que los resultados registrados en los años noventa en América Latina revelan "avances enormes en la modernización de las economías, donde se mantiene un crecimiento constante y se baja la inflación". Sin embargo, el aspecto negativo ha sido "el ciclo de salarios bajos, menor empleo y seguridad social, e instituciones de mercado de trabajo más débiles".

El Sr. Somavia insistió en que "en un sistema internacional económico abierto, la lucha por la estabilización macroeconómica y una mayor productividad fue necesaria e inevitable, pero el peso del ajuste lo ha tenido que soportar difícilmente la fuerza laboral. La modernización de la economía se presenta como resultado del carácter informal de las relaciones laborales, que a menudo han tenido consecuencias sociales desastrosas para los trabajadores".

El Director General de la OIT agregó que la prioridad hoy en día debe consistir en proporcionar un trabajo decente y protección social, que son "los garantes más importantes del progreso social y los mejores medios de consolidar las ganancias de la última década".

En vista del retraso que presentan las economías globales y regionales, el Sr. Somavia expresó que los crecientes problemas del mercado de trabajo en la región necesitan medidas urgentes, "principalmente con el mejoramiento de las calificaciones, condiciones de trabajo y perspectivas de ingreso de millones de hombres y mujeres que hoy se encuentran desempleados o subempleados, a través de una mejor formación y de instituciones fortalecidas para el diálogo social, lo que debiera ser un resultado natural de la democracia".

El informe afirma que "ampliar las oportunidades de trabajo decente para hombres y mujeres es lo que la gente pide y más aún, es lo que nuestros países necesitan si queremos construir sociedades estables para el futuro".

Resultados contradictorios

El informe de 149 páginas constata, entre otras cosas, lo siguiente:

  • La inflación bajó a un promedio de 10,2% anual en 1998, en comparación con el 550% que se registró durante el período 1990-93;
  • El crecimiento de la población disminuyó, de 2% anual en los años ochenta a 1,8% en esta década, lo que produjo una baja en la tasa de crecimiento de la fuerza laboral en América Latina de 3,8% durante los años ochenta a 3,1% hasta 1998;
  • La tasa de desempleo en el sector formal se mantuvo en aproximadamente 6% de 1990 a 1993, año en que empezó a aumentar en forma lenta hasta alcanzar 7,7% en 1996 y 8% en 1998;
  • La migración rural-urbana se mantuvo muy activa, pues crecientes cantidades de campesinos pobres emigraron a pueblos y ciudades: 76% de la fuerza laboral estaba concentrada en las zonas urbanas a fines de 1998, en comparación al 66% en 1980, y las tasas de desempleo urbano siguieron en aumento;
  • El poder adquisitivo de los trabajadores en América Latina también tuvo una fuerte caída durante la última década, perdiendo 27% con respecto al valor del salario mínimo en 1980;
  • El empleo general en América Latina creció en un promedio de 2,9% entre 1990 y 1998, lo que resultó insuficiente para absorber el 3,1% anual de la expansión de la fuerza laboral.

Reducción relativa de los salarios y la productividad

Además del menor crecimiento de la economía mundial, los factores que alimentan las dificultades del mercado de trabajo de la región están relacionados con el lento crecimiento de la productividad y los modestos incrementos de los niveles salariales.

El informe de la OIT indica que el aumento del valor real de las remuneraciones de los trabajadores empleados fue escaso durante los años noventa. Aunque los salarios industriales aumentaron en términos reales en un 2,7% anual durante la década, el salario promedio es hoy apenas más alto que en 1980.

El caso del poder adquisitivo de los salarios mínimos es mucho peor. Aunque aumentó un promedio de 0,8% anual durante los años noventa, el salario mínimo medio actual en América Latina es 27% más bajo que a comienzos de los años ochenta.

Entre 1990 y 1997, los salarios mínimos reales disminuyeron en 7,2% en Uruguay, 4,6% en México, 4,5% en Venezuela, 4,1% en Guatemala y 3% en Venezuela. En el mismo período, los salarios mínimos reales aumentaron un 10,4% en Bolivia, 9,9% en Argentina y 5,9% en Ecuador.

El informe constata que los trabajadores del sector informal también experimentaron una disminución del poder adquisitivo de sus ingresos durante los años noventa. Esta baja obedeció a que el auge del empleo informal no estuvo acompañado de una mayor demanda proporcional de bienes y servicios producidos. De este modo, el ingreso medio de los trabajadores del sector informal disminuyó en 1% anual durante el período 1990-1998.

El informe de la OIT agrega que "esta baja continua tiene consecuencias importantes, ya que la mayoría de los nuevos empleos se crearon en el sector informal. Se estima que 59% del total de los empleos no agropecuarios en la región correspondía a actividades informales".

La ausencia de fuentes internas de demanda, debido en parte al bajo nivel de los salarios y a la escasez de empleo, no fue compensada con un aumento relativo de la competitividad internacional. Aunque los costos laborales (calculados en dólares de EE.UU.) se redujeron en varios países debido a devaluaciones monetarias, los aumentos de la competitividad fueron menos importantes que los avances registrados en los países del Asia sudoriental. "Las mayores ganancias de competitividad se registraron en Colombia (11%) mientras que en el Sudeste Asiático éstas fluctuaron entre un mínimo de 20% en Tailandia y un máximo de 60% en Malasia". En otras economías importantes de América Latina, las ganancias de competitividad relativas fueron 3,7% en Argentina, 4,3% en Brasil y 6% en Colombia.

Las mejoras en productividad global fueron de sólo 0,4% anual, lo que indica que la mayoría de los empleos que se crearon durante este período fueron de baja calidad. El informe hace notar que "por otro lado, esto frustra las posibilidades de que los países tengan una mejor competitividad y en otros constituye una barrera para una recuperación rápida de los salarios reales de los trabajadores, requisito previo para mejorar la distribución de los ingresos y disminuir la pobreza".

Resultados inciertos de la reestructuración

Aunque estas tendencias se aplican hasta cierto punto a todos los países de la región, existen variaciones importantes entre ellos. El informe cita a "un pequeño grupo de países que dio pasos significativos en la reestructuración productiva", lo que ha arrojado resultados positivos para el mercado de trabajo. Por otra parte, "un gran número de países tuvo que aplicar nuevos ajustes macroeconómicos para enfrentar los desequilibrios acumulados y la vulnerabilidad generada por la volatilidad de los capitales de corto plazo".

Las experiencias más exitosas en el campo laboral pertenecen al grupo de países con las reformas más prolongadas (Chile, Bolivia y Costa Rica) y sólo una al de países con reformas recientes (Colombia). El informe hace notar que en todos estos países "el desempleo disminuyó, los salarios mejoraron, la informalidad apenas se extendió o permaneció sin cambios y, excepto en Bolivia, la productividad aumentó".

En todos estos países el crecimiento económico fue alto y sostenido -entre 3 y 7%-, lo que tuvo como consecuencia un sólido proceso de creación de empleos. El informe indica que aunque el crecimiento se debió, en gran parte, a la participación del sector privado moderno, también se debió a la disminución del desempleo.

En otros países (Argentina, Brasil, México, Uruguay y Venezuela), donde las reformas se iniciaron más recientemente, "hubo un aumento del desempleo, de la informalidad y de la precariedad laboral". En todos estos países, excepto Venezuela, los salarios industriales y los salarios mínimos se recuperaron gracias al éxito de las medidas antiinflacionarias. Sin embargo, en todos el empleo moderno aumentó poco como consecuencia de las drásticas reducciones del empleo público y del limitado aporte de las empresas grandes y medianas a la creación de empleos.

La privatización tuvo consecuencias importantes en la estructura y la calidad del empleo en América Latina. El empleo público, como porcentaje del empleo total, tuvo una caída de 15,5% en 1990 a 12,9% en 1998. Las empresas modernas del sector privado no llenaron el vacío que dejó el Estado en cuanto a su función de empleador de primera instancia. El informe afirma que las empresas privadas "optaron por reducir el empleo y modificar los tipos de contratos laborales en un intento por mantener su competitividad".

Como resultado, "el sector privado moderno disminuyó su participación en el empleo total de 32% en 1990 a 28% en 1998, generando únicamente 11 de cada 100 nuevos puestos de trabajo creados durante el período". El aumento de las actividades informales "fue el resultado de un desplazamiento de empleos del sector moderno al sector informal".

El informe sugiere que en las nuevas reformas que se emprendan en América Latina se debería dar menos importancia al objetivo de crear empleos "estables, pero estacionarios", y promover más bien la empleabilidad y la protección del trabajador.

"Sin embargo, las reformas que se están aplicando no extienden la protección a todos los trabajadores y en realidad en algunos casos la disminuyen", afirma el Sr. Somavia. "A muchos trabajadores del sector informal y muchos campesinos pobres todavía se les niegan los beneficios de la protección social", agrega.

El informe destaca "cuatro objetivos estratégicos" que definirán las orientaciones básicas de las actividades de la OIT en los próximos años. Estos son: la promoción de los principios y derechos fundamentales en el trabajo, la protección del empleo, la protección social y el diálogo social.

El informe indica que "cada uno de estos objetivos deben tomar en cuenta las dimensiones de desarrollo y de género. Estos dos elementos están relacionados de modo inextricable: la promoción de la igualdad de género es esencial si queremos construir una sociedad justa y es un elemento crucial en el desarrollo. Estas perspectivas son especialmente importantes en América Latina y el Caribe, considerando que la mayoría de los países de esta región se encuentran en vías de desarrollo y que las mujeres han tenido un papel clave en el desarrollo de estrategias de sobrevivencia en épocas críticas".

Los objetivos que la OIT apoya para América Latina incluyen, entre otros, los siguientes:

  • Nuevos sistemas de formación para mejorar la productividad y la competitividad;
  • Reformas de la legislación laboral, junto con un aumento de las ratificaciones de las normas internacionales del trabajo;
  • Cambios en los sistemas de protección de los trabajadores, incluida una rigurosa evaluación de los efectos de la reforma de la legislación laboral y de la seguridad social;
  • Nuevos contenidos de la administración laboral y funciones de los ministerios de trabajo.

Entre las propuestas de cambio administrativo y legislativo, el informe de la OIT destaca la armonización de la legislación laboral de los países, especialmente en materia de migraciones laborales; la regulación de las relaciones laborales mediante la negociación colectiva en sus diferentes niveles; la modernización del sector informal, asegurando que se apliquen las normas laborales; el diseño de nuevas políticas de empleo y formación profesional, y el fomento de la participación del sector privado; la promoción del diálogo social y el fortalecimiento de las organizaciones de los actores sociales; la ampliación de los sistemas de protección social; y finalmente, el desarrollo de una nueva cultura de fiscalización de la aplicación de las normas laborales.

* Trabajo decente y protección para todos: Prioridad de las Américas. Informe del Director General, Oficina Internacional del Trabajo, Ginebra, 1999. ISBN 92-2-311564-7.

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