GINEBRA (Noticias de la OIT) – La seguridad económica promueve el bienestar personal, la felicidad y la tolerancia, además de ser beneficiosa para el crecimiento y desarrollo de los países, destacó un nuevo estudio presentado por la Oficina Internacional del Trabajo (OIT).
El informe de la OIT sobre "Seguridad económica para un mundo mejor" ( Nota 1) incluye datos provenientes de países que representan 85 por ciento de la población mundial, y hace notar que un mayor nivel de seguridad económica, cuando va asociado a la democracia y a la inversión del Estado en seguridad social, contribuye a lograr un mayor crecimiento y promueve la estabilidad social.
Pero el informe advierte que la seguridad económica está fuera del alcance de una gran mayoría de los trabajadores del mundo, y que de hecho cerca de las tres cuartas partes viven en condiciones de inseguridad económica, lo cual contribuye a que tengamos "un mundo donde abundan la ansiedad y la ira".
Sólo 8 por ciento de los trabajadores viven en países donde es posible encontrar condiciones favorables en materia de seguridad económica, de acuerdo con este estudio producido por el Programa sobre seguridad socioeconómica de la OIT.
"Este libro, publicado poco después que apareciera el informe de la Comisión Mundial sobre la Dimensión Social de la Globalización, es un aporte al debate sobre cómo podemos lograr una globalización más justa", dijo el Director General de la OIT, Juan Somavia. "A menos que podamos construir sociedades más equitativas y una economía mundial más inclusiva, sólo unos pocos lograrán alcanzar la seguridad económica y un trabajo decente", agregó.
Este informe representa el primer intento por medir la seguridad económica mundial tal y como la perciben las personas, y está basado en encuestas en el hogar y en el lugar de trabajo que abarcaron a más de 48.000 trabajadores y a unas 10.000 empresas. La seguridad económica esta medida en base a siete formas de seguridad relacionadas con la actividad laboral: ingreso, mercado laboral, empleo, conocimientos, trabajo, ocupación y representación.
Principales conclusiones
El informe dice que los habitantes de los países que ofrecen un elevado nivel de seguridad económica a sus ciudadanos tienen en promedio un mayor grado de felicidad, que se mide a través de estudios sobre el nivel de satisfacción en la vida y de felicidad. El principal factor determinante de la felicidad nacional no es el nivel de ingresos: existe una relación positiva pero el aumento de los ingresos parece tener poco efecto en los países ricos a medida que éstos se van enriqueciendo. El factor más importante es el grado de seguridad en los ingresos, que se mide en términos de protección de los ingresos y de un bajo nivel de desigualdad en los mismos.
Además el informe de la OIT muestra que un nivel elevado de seguridad en los conocimientos, que se mide por medio de un índice que incorpora indicadores de escolarización y capacitación, está, de hecho, inversamente relacionado con el bienestar, cuando los puestos de trabajo están poco adaptados a las necesidades y aspiraciones de las personas, a medida que éstas son más educadas y adquieren más competencias. En la actualidad un gran número de personas empiezan a sentir que sus conocimientos y calificaciones no corresponden a los puestos de trabajo que deben desempeñar, lo que se traduce en lo que el informe denomina efecto del "estado de frustración".
El informe muestra que la democracia política y la tendencia hacia las libertades civiles aumentan de forma significativa la seguridad económica y que el gasto público en políticas de la seguridad social también tiene un efecto positivo. Sin embargo, el crecimiento económico sólo tiene una ligera repercusión sobre la seguridad medida a largo plazo. En otras palabras, un crecimiento rápido no genera en forma automática las condiciones para una mejor seguridad económica, aunque puede ser un factor determinante si va acompañado por las políticas sociales apropiadas.
Si se observan los niveles nacionales de seguridad económica, los países se dividen en cuatro grupos: líderes (con buenas políticas, buenas instituciones y buenos resultados), pragmáticos (buenos resultados a pesar de contar con políticas o instituciones menos contundentes), convencionales (políticas e instituciones aparentemente buenas pero con resultados menos concluyentes) y países donde queda mucho por hacer (políticas e instituciones débiles o inexistentes, y resultados malos).
Muchos países ricos podrían conseguir una mayor seguridad económica para sus ciudadanos, puesto que algunos países de bajos ingresos logran niveles más elevados que algunos de los países ricos. De hecho, el análisis de la OIT muestra que la distribución mundial de seguridad económica no corresponde a la distribución mundial de ingresos, y que el Asia meridional y el Sudeste de Asia tienen mayores porcentajes de seguridad económica que su porcentaje en los ingresos mundiales. El Asia meridional cuenta con un 7% de los ingresos del mundo, y tiene alrededor de un 14% de la seguridad económica del mundo. En comparación, América Latina ofrece a sus ciudadanos mucha menos seguridad económica de lo que cabría esperar, dado su nivel de ingresos relativo.
La inseguridad económica aparece como un elemento que influye en las percepciones de las personas. Un estudio realizado recientemente por Latino barómetro en los países latinoamericanos revelo que 76 por ciento de las personas estaban preocupadas por la posibilidad de encontrarse sin trabajo el año próximo, y una mayoría dijo que no les importaría tener un gobierno no democrático si resolviera sus problemas de desempleo.
Un aspecto de estas conclusiones del informe de la OIT es que sólo los países que proporcionan un conjunto coherente de políticas que fomentan las siete formas de seguridad laboral obtienen un buen resultado en cuanto a seguridad económica global se refiere. Los países que consiguen logros importantes en algunas esferas pero logros poco importantes en otra u otras esferas no obtienen un buen resultado general.
El informe también dice que "la seguridad de los ingresos es un factor importante y determinante de otras formas de seguridad relacionada con el empleo" (p. 296), y que la desigualdad de ingresos empeora la seguridad económica de diversas maneras. El informe añade que "el mensaje es que es improbable que las sociedades sumamente desiguales obtengan logros importantes relacionados con la seguridad económica o el trabajo decente".
El análisis muestra que durante el último período de la globalización (desde 1980) se ha registrado una tendencia al alza en la frecuencia e intensidad de las crisis económicas, así como un aumento casual del número de desastres naturales que afectan a un número muy elevado de personas. También muestra que, si no se tienen en cuenta los casos de la China y la India, los dos megapaíses, las tasas de crecimiento económico en términos per cápita han disminuido mientras que la variabilidad de las tasas de crecimiento económico ha aumentado (Capítulo 2), lo que implica que hay más inseguridad económica nacional, contrariamente a las predicciones de quienes tratan de influir para conseguir una liberalización económica rápida.
El informe de la OIT indica que esas tendencias son importantes porque muestran que cada vez hay más personas expuestas a riesgos sistémicos, más que a riesgos imprevisibles. Estos últimos se deben a sucesos en los ciclos de vida individual, como el desempleo o la enfermedad, que están cubiertos por los planes convencionales de seguridad social. Las personas son mucho menos capaces de prepararse para afrontar crisis que afectan a comunidades y regiones enteras.
El informe de la OIT también muestra que para los países en desarrollo el nivel nacional de seguridad económica está inversamente relacionado con la apertura de cuentas de capital (Capítulo 11), lo que implica que sería prudente que los países en desarrollo pospusieran la apertura de sus cuentas de capital hasta que se dispusiera de mecanismos sociales e institucionales que permitieran a sus sociedades resistir los impactos externos. En otras palabras, los países deberían retrasar la apertura de sus mercados financieros hasta que dispusieran de suficiente capacidad institucional para tratar las fluctuaciones con confianza y hacer frente al impacto de los desarrollos económicos externos.
Además de elaborar un banco de datos mundial de las políticas nacionales, el informe emplea estadísticas de una serie de estudios sobre la seguridad de las personas realizados en 15 países, en los que se entrevistó a más de 48.000 personas sobre su trabajo, las inseguridades que experimentan y su actitud frente a la desigualdad y los aspectos relacionados con la política social y económica.
Se preguntó a los encuestados sobre su actitud frente a distintos aspectos de la inseguridad económica y la desigualdad. Está claro que existe una opinión favorable muy extendida en favor de un mayor apoyo a las personas económicamente vulnerables y un deseo de reducir la desigualdad (Capítulo 12). Una idea que se pone claramente de relieve es que la inseguridad económica fomenta la intolerancia y el estrés, aspectos ambos que contribuyen a la enfermedad social y, en última instancia, a la violencia social.
Entre otras conclusiones figuran las siguientes:
- la mayoría de trabajadores de los países en desarrollo desconocen los sindicatos, que en gran parte de los países representan a menos de 10 por ciento de los trabajadores;
- las mujeres padecen más inseguridad que los hombres y más tipos de inseguridad;
- la seguridad de empleo está disminuyendo en casi todas partes debido a la informalización de las actividades económicas, la contratación externa y las reformas de reglamentación;
- un gran número de personas poseen conocimientos que no emplean en su trabajo;
- la seguridad ocupacional (sector ocupacional con perspectivas de trabajo y carrera satisfactorios) es escasa en la mayoría de países, y los datos de estudios sobre la seguridad de las personas ponen de relieve la extendida insatisfacción en el empleo.
La conclusión a la que llega el análisis de la OIT es que los planes convencionales de seguridad social son inapropiados para responder a las nuevas formas de riesgo sistémico y a la incertidumbre que caracteriza el sistema económico mundial emergente (Capítulo 14). En consecuencia, los gobiernos y los organismos internacionales deberían fomentar modelos de carácter universal, basados en los derechos, que proporcionen a las personas una seguridad económica básica, en lugar de recurrir a modelos selectivos, que están condicionados por los logros económicos.
Para obtener más informaciones sobre este tema por favor contacte al Programa sobre seguridad socioeconómica por email en ses@ilo.org o por teléfono al +4122/799-7913. Especialistas de este Programa podrán responder a entrevistas en inglés, francés, portugués y español. En septiembre de 2004 se publicará un informe adicional titulado "Enfrentando la seguridad económica en África". En ese momento habrá copias disponibles para la prensa.
Nota 1 - Economic Security for a better world, Programa sobre Seguridad Socioeconómica. Oficina Internacional del Trabajo, 2004. Precio: 50 francos suizos. ISBN 92-2-115611-7. Sitio web: www.ilo.org/ses.