Trabajo decente en el servicio doméstico: un largo camino por recorrer

La OIT y otros grupos de defensa de los derechos de las mujeres consideran que el trabajo doméstico es una de las ocupaciones más precarias. Es probable que la recesión económica y la crisis del empleoagraven tales vulnerabilidades, descritas en un informe a la Conferencia Internacional del Trabajo 2009 en el que se evalúa la situación de la igualdad de género en el ámbito laboral. Informa desde Bangkok Allan Dow, responsable de prensa de la OIT.

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Fecha de la publicación 17 de junio de 2009
Unidad responsable Comunicación e Información al Público
Tema Conferencia Internacional del Trabajo
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BANGKOK (OIT EnLínea) - A las afueras de Bangkok, una trabajadora del servicio doméstico de 17 años de edad, procedente de Myanmar, se quita una gorra de beisbol para mostrar las cicatrices de su cabeza, en la que los cirujanos tailandeses han culminado la inserción de una placa de metal.

Era la única manera de salvar la vida de esta chica, tras una salvaje paliza sufrida a manos de su empleador local, una mujer tailandesa de mediana edad. Después de los golpes, la empleadora arrastró el cuerpo comatoso de su empleada para sacarlo de la calle, llamó a un taxi y le entregó al conductor el equivalente a 300 dólares de Estados Unidos para que la “llevara tan lejos como fuera posible”.

Sin embargo, el taxista la acercó a un hospital, donde permaneció durante meses.

A más de un millar de kilómetros de distancia, una joven vietnamita relata una historia similar. Se da la vuelta y se levanta la blusa para mostrar las docenas de cicatrices que marcan su espalda. “La (familia) me azotaba con un cable eléctrico, casi todos los días.”

Lamentablemente, este tipo de abusos no son casos aislados.

En muchos países, el trabajo doméstico no se considera un empleo formal y suele quedar al margen de las leyes de protección de la mano de obra. Hablando claro, los trabajadores domésticos se encuentran a menudo a merced de sus empleadores. En caso de que el empleador abuse física o sexualmente de ellas, les retenga su salario o las degrade, muchas mujeres, tanto desde su percepción, como en la realidad, sienten que disponen de pocas vías de recurso, salvo la de huir.

Sin embargo, muchas son migrantes procedentes de otros países, que trabajan sin los visados pertinentes. Si las detienen las autoridades, pueden ser deportadas de inmediato, o enfrentarse a nuevos abusos.

Este año, en la Conferencia Internacional del Trabajo anual en Ginebra, los delegados de los Gobiernos y las organizaciones de trabajadores y de empleadores celebraron un debate sobre cuestiones de género, en el contexto del Programa de Trabajo Decente de la OIT. Fue el primer debate formal y específico sobre género mantenido por la Conferencia en casi un cuarto de siglo.

En el informe a la Conferencia Nota 1 se señala que, en los años transcurridos desde el último debate general, “los problemas han persistido, o se han agravado para los más vulnerables”, incluidas las mujeres dedicadas al trabajo doméstico. Es probable que la actual recesión económica y la crisis del empleo que se extiende por el mundo agraven tales vulnerabilidades. Entre las 58 conclusiones del debate, figura el reconocimiento de que “en algunas situaciones, el trabajo doméstico remunerado ha seguido siendo una de las pocas opciones para las mujeres, incluidas las migrantes.”

En cualquier caso, el trabajo doméstico no tiene por qué representar una ocupación peligrosa permanentemente. Los participantes en la CIT señalaron que, mediante la formalización de la naturaleza “informal” del trabajo (incluido el de tipo doméstico), podría mejorarse la seguridad de las mujeres en tales ocupaciones.

La Sra. Myra Hanartani, delegada gubernamental de Indonesia, y ponente en el debate, comentó que, respecto al fomento de la igualdad de género, los países tienen necesidades diferentes. “Hemos de reforzar nuestra economía informal para integrarla en la economía formal y ofrecer una mejor protección social.”

En efecto, la idea es garantizar que trabajar sin estar a la vista, no equivalga a trabajar al margen del acceso equitativo a los derechos laborales, ni a la exclusión en la consecución de un trabajo decente, que constituye un derecho humano básico.

La modificación de las políticas respecto a los sectores formales e informales exigirá una labor técnica considerable, y las actitudes públicas respecto a los trabajadores domésticos cambian lentamente mediante las iniciativas de defensa de derechos y la autoayuda.

En cientos de miles de hogares de toda Asia, los trabajadores domésticos remunerados barren los suelos, lavan los platos y cuidan a los hijos de sus empleadores, de manera rutinaria.

“Mi primera prioridad es hacer de canguro”, afirma Radha, una mujer india de treinta y muchos. Llegó a Nueva Delhi hace doce años, procedente de su aldea, situada en una región remota del noreste del país. El empleador de Radha la trata bien, le paga por encima del salario mínimo, y la anima a participar en programas de formación para la adquisición de destrezas en el trabajo doméstico, patrocinados por la Administración local y apoyados por la Oficina Regional para Asia y el Pacífico de la OIT.

El ánimo, la formación y el apoyo que recibe contrasta radicalmente con los relatos de las otras dos mujeres. Radha desprende autoestima y dignidad. “Algunos dicen que el trabajo doméstico no es un trabajo de verdad. No creo que eso sea cierto. Es una labor importante, al menos para nosotras.”

En los próximos meses, en varios países del sur y el sudeste de Asia, los trabajadores domésticos recibirán guías patrocinadas por la OIT sobre sus derechos y la manera de mantener su seguridad y de establecer redes, con independencia de su situación migratoria o de visado. La campaña de sensibilización y defensa de derechos potenciará la divulgación de las lecciones extraídas de la campaña de información del pasado año en Tailandia, denominada Travel Smart – Work Smart (Viajar con inteligencia – Trabajar con inteligencia).

“Este folleto me ha ayudado a comprender cómo nos podemos ayudar mutuamente”, asegura Phun, una trabajadora doméstica de Myanmar que presta actualmente sus servicios en Bangkok. “Ahora soy consciente de los horarios de trabajo legales. Antes me obligaban a trabajar demasiadas horas.”

Con el fin de contribuir a la formalización del sector informal del empleo en lo que atañe al trabajo doméstico, y de ofrecer una mejor protección a los trabajadores domésticos en general, la Conferencia Internacional del Trabajo del próximo año iniciará el proceso de elaboración de un instrumento jurídico (p. ej., un Convenio), sobre este tipo de actividad laboral.

El reconocimiento internacional del trabajo doméstico tendría que haberse emprendido hace tiempo, según Radha. Mientras prepara la comida para su empleador, subraya “todo el mundo cree que su trabajo es significativo y, para nosotras, el trabajo doméstico es importante.”


Nota 1 - La igualdad de género como eje del trabajo decente, Informe VI, Conferencia Internacional del Trabajo, 98.a reunión, 2009. Oficina Internacional del Trabajo Ginebra.

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