MANILA (OIT EnLínea) – El tifón Durian – que debe su nombre a una espinosa fruta asiática – fue el cuarto fenómeno de este tipo que azotó Filipinas en un período de tres meses, y el segundo desastre natural más grave del mundo en 2006. El terremoto de la isla indonesia de Java fue el primero.
Aunque ha transcurrido más de un año desde que el tifón causó la muerte de 1.399 personas, el trauma no ha sido superado. Miles de personas viven aún en albergues provisionales, y todavía persisten las devastadoras consecuencias sobre el empleo y los modos de vida.
Después de la tormenta, Marites y su esposo tuvieron que excavar en el fango durante 16 días en búsqueda de la licencia de conducir para que él pudiese regresar a su trabajo como conductor de jeep.
“No sabíamos a dónde ir. Mi negocio había quedado destruido. Ganaba 1.000 pesos filipinos (25 dólares) al día y mi esposo otros 300 pesos filipinos (7,5 dólares). Después del tifón, nos quedamos sin ingreso alguno”, recuerda Marites. Su familia fue evacuada a una escuela, donde permaneció durante algunos meses. Luego vivieron en una tienda, hasta que fueron trasladados a un albergue temporal.
Durian fue el tifón más fuerte que azotó a la región de Bicol. De las seis provincias de Bicol, Albay fue la más golpeada, con más de 604 víctimas mortales y 229.572 familias afectadas.
“Es el tifón más fuerte del que he sido testigo en mi vida. Estamos desesperados. Nuestra casa fue destruida, quedaron sólo cuatro columnas en pie”, dijo Ruth, de 48 años, sobreviviente del tifón y madre de cuatro hijos.
Rosemarie, madre de cinco hijos, también se vio afectada: “Soy costurera y mi esposo conductor de triciclo. Después del fuerte tifón, mi esposo ya no gana lo suficiente. Es muy difícil vivir, nuestros ingresos son muy bajos”.
Las primeras conclusiones del estudio de la OIT sobre familias en albergues provisionales revelaron que, luego de permanecer un año en dichos albergues, el 30 por ciento de las personas no buscaba trabajo porque simplemente no creía que hubiera. Cerca del 69 por ciento sí trabajaba, pero la mayoría tenía trabajos precarios, lo cual empujaba a los sobrevivientes a condiciones de pobreza.
En febrero, la OIT inauguró un centro de medios de vida en Daraga, Albay.
“El centro es el punto de partida. Estoy convencida de que esta comunidad está llena de talento, capacidad profesional y entusiasmo, y que podrá superar la terrible experiencia del tifón”, explicó Linda Wirth, Directora de la Oficina Subregional de la OIT de Manila.
Según Wirth, lo que ocurre en Albay representa un caso de prueba para la OIT y la promoción de trabajo decente en situaciones de crisis y reconstrucción. “Creemos que la creación de empleo y de modos de vida es la única vía para sacar a las personas de la pobreza”, dijo Wirth.
El centro de medios de vida fue construido en asociación con el gobierno local, el Centro de Bicol para el Desarrollo de la Comunidad, el Servicio Público de Vivienda, el Departamento de Bienestar Social y Desarrollo (DSWD), y el Departamento de Trabajo y Empleo.
Según Rafael Triunfante Jr., Presidente del Centro de Bicol para el Desarrollo de la Comunidad, muchos de los proyectos anteriores en la región “no eran sostenibles. Esta vez es diferente: pasamos de grupos pequeños a grupos más grandes, en los cuales las mujeres se organizan a sí mismas. De esta manera, se obtiene el máximo rendimiento de los fondos para la promoción del desarrollo económico”.
Al mismo tiempo que las víctimas del tifón recibían formación empresarial, se les proveyó también de vínculos comerciales, equipos y capital para iniciar sus proyectos.
Bukluran: “La unidad” es fundamental en los trabajos de auxilio
“Aprendimos la importancia de la unión y la organización. Bukluran, el nombre de nuestra organización, significa unión”, explicó Ruth, quien dirige ahora la institución. Marites, que en la actualidad es uno de los miembros de la Junta de Directores de Bukluran, espera expandir el centro de medios de vida para llegar a otros sobrevivientes del tifón.
La unidad es también un concepto fundamental para los esfuerzos de asistencia a nivel nacional e internacional. La OIT dirige, junto con el DSWD de Filipinas, un grupo sobre recuperación de medios de vida. Filipinas integró el enfoque de grupo a su Sistema de Gerencia de Desastres, el cual es dirigido por el Consejo de Coordinación de Desastres Naturales.
Es más, en el 2005, la OIT y otras 18 agencias de las Naciones Unidas se unieron en un grupo de recuperación temprana que promueve acciones efectivas, predecibles y oportunas en escenarios post crisis, y que ha establecido una forma de colaborar específica para responder de manera conjunta a las emergencias.
Mediante esta asociación, las agencias de las Naciones Unidas pueden ser más eficaces a la hora de mejorar la situación de aquéllos que se han visto más afectados por una catástrofe o conflicto. Y lo hace, tanto en las áreas rurales como urbanas, a través de la evaluación conjunta de las necesidades, el intercambio y la adaptación de esquemas de promoción de modos de vida, y la elaboración e implementación de estrategias y proyectos comunes para la promoción de modos de vida.
“El objetivo principal es fortalecer y mejorar las relaciones y sinergias existentes entre las actividades agrícolas y las oportunidades de generación de ingresos. De esta manera, se ayuda a reducir la dependencia de la ayuda alimentaria por parte de los beneficiarios lo antes posible”, concluyó Wirth.