En el Centro Cultural de la Ciencia

Bioeconomía a debate: el nuevo paradigma del desarrollo

A sala llena, se realizó el primer Simposio Latinoamericano de Bioeconomía, en el contexto actual de cambios tecnológicos profundos. Con foco en la sustentabilidad económica, se destacó el desafío de unir los objetivos ambientales con los sociales.

Comunicado de prensa | 11 de julio de 2019
Hay consenso. Según los funcionarios públicos, organismos internacionales, académicos y líderes del mundo empresarial y sindical que participaron en el primer Simposio Latinoamericano de Bioeconomía –realizado en Buenos Aires y organizado por la Secretaría de Gobierno de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación Argentina – la situación climática, social y económica de cara al futuro es preocupante. Los expertos advierten que el tipo de desarrollo actual está basado en recursos finitos, no renovables. El mundo consume los recursos naturales de 1,7 planetas y para 2030 llegará a dos. Asimismo, es necesario de un nuevo impulso económico que vigorice el crecimiento de la región para generar mayor riqueza y que ayude a sacar de la pobreza a millones de personas.

Este escenario es un desafío y una oportunidad. Para Edith Obschatko, especialista en políticas agropecuarias del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), “América Latina posee la mayor riqueza biológica del planeta”. Allí se inscribe la opción por la bioeconomía, que se define como “la utilización intensiva de conocimientos, procesos, tecnologías y principios biológicos para la producción sostenible de bienes y servicios en todos los sectores de la economía”.

El simposio puso la lupa en las posibilidades que tiene la bioeconomía para “repensar un sendero de desarrollo económico sostenible”. Si bien ya existe una extensa trayectoria en los países de la región en modelos de negocios con fuerte impulso bieconómico, el potencial a futuro es enorme. Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia, están dentro de los 10 países del mundo con mayor cantidad de cultivos biotecnológicos (soja, maíz y algodón). En bioenergía Argentina está entre los 4 principales productores de biodiesel y es el primer exportador mundial. Se destacan la edición génica (o genética), los avances en ciencia aplicada a la industria y experiencias como la agricultura sustentable (orgánica y agroecológica), los productos de la biodiversidad (plantas medicinales), el ecoturismo y la economía circular (en base a cadenas de valor tradicionales con autoconsumo y reciclaje de los residuos de la misma producción), entre otros.

Por otro lado, el simposio puso en escena el impacto de la bioeconomía en el mercado laboral. Contó con un panel moderado por Christoph Ernst –especialista de empleo y desarrollo productivo de la OIT Argentina– presentado por Ana Sánchez –especialista en empleo verde de la OIT en México– y Sofía Rojo Brizuela –consultora para la OIT Argentina–, seguido de un debate tripartito entre Gustavo Codas – representante sindical de CSA, Brasil– Graciela Ciccia –Unión Industrial Argentina– y Magdalena Borges Borsani –de la Unidad de Sostenibilidad y Cambio Climático del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca del Uruguay– representantes del mundo sindical, empresarial y gubernamental respectivamente.

Según Sánchez, “el objetivo tiene que ser unir los desafíos ambientales con los sociales”, para lo cual, “debemos asegurar una transición justa hacia una bioeconomía basada en los pilares de la justicia social”. La meta es la creación de “empleo verde” que significa el impulso del empleo decente con crecimiento económico y sustentabilidad ambiental.

“La bioeconomía no es neutra, tiene efectos sociales, económicos y también en el mundo del trabajo”, sostuvo Ernst. En tanto, hizo hincapié en generar políticas públicas: “que apoyen el aprovechamiento de estas nuevas oportunidades y que permitan una transición justa mitigando costos sociales en este proceso”.

Para Borges Borsani, “los mayores afectados en este proceso tecnológico son los trabajadores con tareas manuales rutinarias, por lo que debemos protegerlos mediante políticas específicas”. Por su parte, Codas señaló la importancia de diferenciar el tipo de bioeconomía local de la de gran escala. “Debemos precisar el concepto de bioeconomía, para saber si estamos hablando de fomentar los monocultivos intensivos o si por el contrario pretendemos revalorizar a las pequeñas comunidades agrícolas generando mejores oportunidades”, afirnó. Sobre este punto Ciccia –representante empresarial– coincidió en que se debe priorizar a las pymes (pequeñas y medianas empresas) y celebró nuevos avances en materia de políticas públicas. “La nueva Ley de Economía del Conocimiento es fundamental para aliviar de impuestos a las pequeñas empresas que se decidan en invertir en investigación y desarrollo”, indicó.

La apertura del simposio estuvo a cargo del secretario de gobierno de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, Lino Barañao, la directora del Centro Interdisciplinario de Estudios en Ciencia, Tecnología e Innovación (CIECTI), Ruth Ladenheim, la directora de la División de Recursos Naturales de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Jeannette Sánchez, y la directora de la Oficina Regional de Ciencias de la UNESCO, Lidia Brito. El evento contó también con la presencia de numerosos expositores internacionales, y se compartieron ejemplos exitosos de desarrollo tecnológico en bioeconomía, así como casos de productores con prácticas responsables y sustentables ecológicamente.