Sector rural y desarrollo local en América Latina y el Caribe

La situación del empleo en el sector rural plantea un desafío político importante. Hubo una época, que parece lejana, en la cual la mayoría de las personas del mundo vivían y trabajaban en el campo. En la actualidad el medio rural alberga a cerca del 50 por ciento de la población global, mientras que el resto vive en territorios urbanos.

Se estima que en ese sector rural se concentran 75 por ciento de los pobres del mundo.

América Latina y el Caribe es una región que es eminentemente urbana, pero aún hay una gran parte de la población que habita en el campo. Particularmente son las mujeres las que predominan en la economía informal rural, en condiciones laborales precarias y donde la pobreza es persistente.

En la región la pobreza entre la población rural bajó solo de 60% en 1980 a 53 % en 2010, pese al aumento de las agroexportaciones, al auge agrícola y al crecimiento económico registrado por América Latina durante gran parte de la última década. Un informe elaborado por OIT junto con CEPAL y FAO (2012) concluyó que La precariedad y la informalidad en el mercado de trabajo son dos de los factores que contribuyen a que más de la mitad de la población rural de América Latina se mantenga en la pobreza.

Difícilmente se logrará superar la pobreza y luchar contra la desigualdad si no se enfrenta el desafío de mejorar las condiciones de vida y calidad del trabajo en el medio rural.

Casi todas las propuestas planteadas en la región sobre el funcionamiento de los mercados de trabajo asumen que éstos corresponden a economías urbanas, lo cual es un error que es necesario corregir.

En el campo, los mercados de trabajo funcionan de manera diferente. Las relaciones asalariadas son menos frecuentes que en las áreas urbanas, el trabajo familiar es muy común, los mercados de trabajo son a veces de tipo spot (es decir, se conforman para fines y momentos específicos), el empleo depende mucho de la agricultura y la ganadería, y la situación y condiciones del activo «tierra» (o propiedad agrícola) suele ser la principal preocupación, incluso antes que el empleo.

El tema de la distancia a los centros de consumo y, por tanto, de la integración territorial es también un aspecto clave, ya que, por definición, las zonas rurales están conformadas por centros poblados menores.

En el medio rural, la actividad dominante es la agricultura y la ganadería, que genera el 60 por ciento de los ingresos rurales. Esta actividad tiene algunos sectores modernos, prósperos y generadores de empleo, con salarios razonables y efectos multiplicadores en la economía rural.

Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, se trata de una agricultura tradicional, de baja productividad, poco articulada con la agroindustria, dependiente de tecnologías poco intensivas en capital y que utiliza mano de obra no calificada. Eso explica, en parte, los bajos salarios que se pagan y los ingresos limitados de los productores que dependen principalmente de ese tipo de explotaciones.