Día Internacional de la Mujer

El desafío de la igualdad de género en el trabajo en América Latina y el Caribe

Las mujeres continúan incorporándose al mercado laboral en la región, pero aún hay que hacer más por la igualdad de género. Los datos que ponen en evidencia la desigualdad son un llamado a la acción, dice en este artículo el Director de la OIT para América Latina y el Caribe, José Manuel Salazar-Xirinachs.

Declaración | 8 de marzo de 2018
En América Latina y el Caribe hay unas 117 millones de mujeres que forman parte de la fuerza de trabajo. Este es un número sin precedentes en la historia de los mercados laborales de la región y es resultado de un fenómeno imparable de aumento en la participación.
 
Sin embargo, aún estamos muy lejos del objetivo de la igualdad de género en el trabajo.

Los últimos datos recolectados por la OIT en la región nos indican que en este momento la tasa de participación laboral de las mujeres al nivel nacional (urbano + rural) superó por primera vez el 50 por ciento, ubicándose en 50,2 por ciento*. Esta tasa se refiere a la proporción de la población en edad de trabajar que está empleada o está buscando un empleo en forma activa.

Esta es una noticia positiva y reveladora de un fenómeno que se ha manifestado desde que comenzaron a realizarse mediciones regionales a comienzos de los años 90. Pero el camino hacia la igualdad aún es largo.

La tasa de participación laboral de los hombres es de 74,4 por ciento, y por lo tanto la diferencia de género en el acceso al mercado de trabajo roza los 25 puntos porcentuales. Esa aún es una distancia considerable.

Lo mismo sucede con la tasa de ocupación, que mide la oferta de empleos, en cuyo caso las mujeres registran 45 por ciento, mientras que los hombres están más de 20 puntos por encima en 68 por ciento.

Al considerar el desempleo, nuevamente aparecen diferencias que evidencian la persistencia de una brecha. La tasa de desocupación de las mujeres se ubicó por encima de los dos dígitos por primera vez en una década, al registrar 10,4 por ciento. Eso es equivalente a 1,4 veces la de los hombres, según el último informe Panorama laboral 2017 de América Latina y el Caribe.

Esta tasa implica que a pesar de participar en menor número en la fuerza laboral, las mujeres son la mitad de los desempleados, es decir 13 millones de un total de unas 26 millones de personas.

Una vez dentro del mercado laboral existen otros problemas. Algunos son de segregación ocupacional, que confinan a las mujeres a trabajos que tradicionalmente han desempeñado y que con frecuencia están peor valorados que otros en los cuales se desempeñan mayoritariamente los hombres.

Estos últimos meses también se ha debatido sobre cómo abordar el problema de la brecha salarial. Evidencias recopiladas en todas partes del mundo indican que las mujeres perciben menos ingresos por un trabajo de igual valor. Esa brecha salarial de género también existe en esta región donde continúa siendo de 15 por ciento en la actualidad, según datos del Panorama Laboral.

Conocer estos datos es importante para entender cuáles son las tendencias y las dimensiones de los desafíos que enfrentamos. En el caso de la búsqueda de igualdad de género en el trabajo es indudable que ha habido avances, hay un notable compromiso de la sociedad civil y el tema figura en la agenda política de la mayoría de los países.

Sin embargo la lista de tareas pendientes para cerrar todas estas brechas comienza necesariamente con la necesidad de insistir en políticas para combatir los estereotipos que aún predominan en muchos lugares de trabajo.

También son importantes las medidas especialmente dirigidas a mejorar la inserción laboral de las mujeres. Por ejemplo, en el caso de la brecha salarial, cada vez se habla más de que haya iniciativas legislativas o cláusulas de igualdad en los convenios colectivos, con el fin de prevenir que sigan existiendo esas diferencias.

Otra área relevante es la de políticas educativas y de formación profesional que permitan una mejor planificación para evitar la desconexión con las demandas del mercado de trabajo. En el caso de las mujeres, son importantes, entre otras, aquellas que promuevan su mayor incorporación en las llamadas disciplinas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) y desde luego las que generan capacidades para abrir empresas y desarrollar emprendimientos.

Un aspecto fundamental es el de las responsabilidades familiares y la economía del cuidado que recaen en forma desproporcionada sobre las mujeres causando claras limitaciones a su acceso al mercado laboral. También es necesario encontrar los mecanismos para repartir esas responsabilidades.

Los datos sobre la desigualdad de género en el trabajo deben ser considerados como un llamado a la acción. Cerrar las brechas no sólo es una manera de garantizar que nadie se quede atrás y de avanzar hacia una mayor justicia social. También es la clave para aprovechar un inmenso potencial desaprovechado para el desarrollo económico y social de América Latina y el Caribe.

(Nota: este texto puede reproducirse íntegramente citando al autor y la fuente)

*/ Las tasas citadas en este artículo provienen del Panorama Laboral de la OIT sobre América Latina y el Caribe 2017. Las estimaciones de absolutos se basan en proyecciones de población de CELADE.